Local

Una juez ordena el cierre de un bar por el excesivo ruido de sus fiestas flamencas

El Clarín de Triana no tiene licencia ni de música ni de cocina, pero aún así organiza fiestas que según los vecinos duran hasta alta de la madrugada impidiendo conciliar el sueño.

el 08 feb 2014 / 21:57 h.

TAGS:

15478205«Estamos viviendo un auténtico calvario y un martirio», asegura José Márquez mientras sale del bloque de su vivienda con su esposa dirección a un hotel para poder descansar este fin de semana. La causa de su «tortura» es el bar El Clarín de Triana, donde «casi a diario» organizan fiestas flamencas, pese a no contar con licencia para cocina y música. El pasado jueves una jueza notificó personalmente al propietario el auto por el que tiene que ser clausurado el local, pese a lo cual sigue abierto. Este vecino, de 65 años, vive en el segundo piso del número 4 de la Plaza de Cuba, pero su vivienda da a la calle Génova, donde está situado el establecimiento. «En la primera planta hay oficinas, y pese a no estar encima sentimos las vibraciones y la música como si la tuviéramos al lado», explica totalmente desesperado. Tan desesperado que ha decidido irse junto a su mujer, de 61 años, a un hotel de la provincia de Sevilla a pasar el fin de semana «y poder dormir al menos dos noches». Lo prefiere porque sabe «que volverá a abrir, porque pese a que el jueves la jueza le notificó en persona la orden judicial que ordena el cierre él abrió». De hecho, tuvo que llamar a la Policía Local esa misma noche, «pero no le abrieron la puerta, así que mejor me voy, aunque es muy triste que me tenga que ir de mi casa para poder descansar». Todo comenzó en 2009 cuando el anterior negocio, que era el Pub Génova, cerró y el local vendido a otro dueño. Éste lo alquiló a dos empresarios que montaron El Clarín de Triana, «un tablao flamenco». La comunidad de vecinos denunció entonces la situación, «pero al final soy yo el que ha seguido adelante, porque soy el que está afectado directamente», explica. Él asegura que en este tiempo habrá llamado a la Policía Local «unas 70 ó 80 veces, hasta el punto que ya no tengo ni que darles mis datos personales porque ya me conocen». «La Policía Local se está portando genial, lo que no entiendo es como la Delegación de Medio Ambiente no ha venido ya a clausurar el local, por eso me metí en la vía judicial esperanzado en encontrar una solución definitiva a este martirio». Él mismo pagó un informe para hacer mediciones en su vivienda sobre los ruidos, que determinó que «el nivel superaba los límites permitidos». Un dato que luego ratificaría otra medición elaborada por la propia Policía Local a petición de la Fiscalía de Medio Ambiente, que llegó a la misma conclusión. «Este informe es en el que se ha basado la magistrada para ordenar el cierre del local», destaca el abogado de este vecino, Simón Fernández. Y es que el letrado tras interponer la denuncia solicitó como medida cautelar el cierre del establecimiento, «una petición que el Ministerio Fiscal también apoyó tras comprobar el nivel de ruidos que se soporta en la vivienda», añade. Con esta petición el Juzgado de Instrucción número 8 dictó el auto en el que ordena la clausura inmediata del mismo. De hecho, y en vista de que la misma no se cumplía, citó a al propietario, «comunicándole que debía cerrarlo o estaría incumpliendo una orden judicial, a lo que él dijo que la acataría», afirma. Sin embargo, él no lo cumplió y esa misma noche volvió a abrir. Además, el juzgado imputó al actual propietario y a los dos anteriores por un delito contra el medio ambiente y la salud, por las molestias ocasionadas a los denunciantes. «Pedimos la imputación de los tres porque las primeras denuncias iban dirigidas contra ellos, dice el abogado, a lo que Márquez añade que «en realidad se trata de la misma sociedad, pero creemos que han intentado cambiar de propietario y marear para que no podamos ir contra ellos». Márquez ya ha puesto en conocimiento de la jueza que el local sigue funcionando, «así que a ver qué medidas toma ahora el juzgado». Él de momento sólo quiere descansar este fin de semana porque es que dan las diez de la noche y me pongo hasta nervioso. Es imposible dormir porque hay días que están hasta las siete o las ocho de la mañana, así que más de una vez me he quedado dormido y he llegado tarde al trabajo». Él también se lamenta de que su mujer tenga que estar «a base de pastillas desde hace años y medio porque sufre ansiedad. Esto es horrible». Este periódico intentó sin éxito contactar con el dueño.

  • 1