Cultura

Una lección de arquitectura torera

Rafael Moneo analiza la influencia que la arquitectura ha tenido sobre la Fiesta nacional en el pregón que ofreció en el Lope de Vega. El cineasta Agustín Díaz Yanes presentó a su amigo.

el 24 abr 2011 / 20:39 h.

Rafael Moneo pronunció el pregón ante la mirada de Rosamar Prieto, el teniente mayor de la Maestranza y el alcalde.

El arquitecto navarro Rafael Moneo, autor de edificios de la capital hispalense como el de Previsión Española o el aeropuerto, y cuyo gusto por la tauromaquia era desconocido para muchos, abrió ayer, Domingo de Resurrección, la temporada taurina de Sevilla con un pregón en el que analizó la relación entre ambas artes.

Moneo brindó a un abarrotado Lope de Vega una lección magistral que descubrió a los asistentes la poco transitada y explorada influencia que la arquitectura ha tenido sobre la Fiesta. Aunque queda fuera de toda duda lo interesante del tema elegido, la intervención quizá pecó de excesivamente técnica y carente de emoción. Un pregón más agradecido a la lectura individual que a la declamación, y que no logró poner en pie al respetable.

Como cada año, asistieron los maestrantes, el teniente de Hemano Mayor de la Real Maestranza, Alfonso Guajardo-Fajardo, el excirujano del coso, el doctor Ramón Vila, y el autor del cartel de este año, Manuel Salinas, además de una nutrida representación institucional, encabezada por el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, y la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto, que en su intervención, la última como concejal, aprovechó para lanzar una reflexión: "Hoy la fiesta de los toros no se entendería en el mundo sin la plaza de Sevilla y sus maestrantes".

Tras una emotiva presentación por parte de su amigo y aficionado, el cineasta Agustín Díaz Yanes, el pregonero tomó la palabra y comenzó explicando por qué aceptó la invitación de la Real Maestranza: "Nunca me resistiré a cuantas ocasiones tenga de volver a Sevilla y, además, los toros han estado siempre presentes en mi vida".
Moneo se refirió a la "indiscutible y poderosa emoción estética" que suscita este arte, que también "alude a cuestiones tan serias como la vida y la muerte".

El arquitecto, nacido en Tudela, recordó que los toros han estado presentes en su vida desde su infancia. "Mis padres nos llevaron siendo niños a los toros y hoy conservo el recuerdo lejano de Manolete, aquel torero cuya presencia, fuera y dentro de la plaza, permitía entender lo que es la dignidad".

Una vez legitimadas sus credenciales como amante de los toros, entró en materia y explicó "cuál ha sido la contribución de la arquitectura a la Fiesta".

El navarro recordó que algunas plazas mayores se construyeron para que sirvieran de marco de espectáculos, entre ellos las corridas de toros, como demuestra que algunas se levantaran colectivamente, "financiadas por familias ansiosas de acudir a los festejos previstos en ellas", y puso como ejemplo la Plaza Nueva de Tudela.

Sin embargo, tal y como expuso, la consolidación de la Fiesta en la segunda mitad del siglo XVIII vino acompañada por la aparición de un nuevo tipo de edificio que hasta entonces no se conocía: la plaza de toros. Y es aquí cuando comienzan a abandonarse las formas cuadradas y se apuestan por las redondas, los ruedos, en los que los animales no pueden refugiarse y esconderse en las esquinas.
"Fueron los toreros, quienes sugirieron a los arquitectos la plaza cerrada, circular, insinuación que plasmaron en la forma arquitectónica que hoy conocemos y a la que hay que considerar como canónica", añadió.

Aunque Moneo admitió que es difícil saber cuál fue la primera plaza de toros que se levantó en España, apuntó que "la primera plaza circular de madera fue construida en Madrid a principios del siglo XVIII".

Una vez apuntada la influencia que la arquitectura ha tenido en la Fiesta, Moneo volvió a Sevilla para subrayar la peculiaridad arquitectónica de estas construcciones. "La Maestranza es hermosísima, pero su arquitectura tan sólo alcanza la plenitud cuando en ella se celebra una corrida de toros. Hay obras que pueden vivir sin atender a lo que fue la condición instrumental que tuvieron. Nadie le pregunta a la Giralda si echa en falta al muecín, pero las plazas necesitan del toro, del torero y del público".

Por último, retomó y dio cuenta de uno de los motivos que lo llevaron a aceptar este pregón: "Ir a los toros en Sevilla es comprobar que todavía toda una ciudad es capaz de compartir una fiesta. Que la vida en común es posible. Es una lección que continuamente nos da Sevilla".

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