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Una medalla de altos vuelos

El Batallón de Helicópteros del Copero recibe esta mañana la Medalla de Sevilla.

el 29 may 2012 / 23:09 h.

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Hay un cuadro de Macarena que ha viajado a Afganistán varias veces. Es la imagen que ha presidido todas las misiones que el Batallón de Helicópteros del Copero, Bhelma IV, ha realizado desde que en 2004 les fue cedido por la hermandad. Y han sido muchas, porque es una unidad viajera. "No hay otra en Sevilla que haya participado en 20 misiones en 14 años como ésta, que ha estado en Bosnia, Kosovo, Kirguizistán, Irak, Líbano y Afganistán", explica con orgullo su jefe, el teniente coronel Antonio Rebollo. "Aquí no se piden voluntarios para las misiones porque la voluntariedad se supone con el ingreso en la Brigada de Helicópteros", añade.

Por ese ansia de acudir adonde se les necesita; por ser siempre los primeros -los helicópteros abren camino porque realizan las tareas de inspección en las misiones-; porque todos esos servicios se han realizado con el beneplácito internacional como misiones de paz; y por la estrecha vinculación con la ciudad que el Bhelma IV_ejemplifica en la Esperanza Macarena, considera Rebollo que el batallón ha merecido ser una de las entidades distinguidas este año con la Medalla de la Ciudad que el alcalde, Juan Ignacio Zoido, entrega hoy en el teatro Lope de Vega.

No será la muestra más visible de la distinción: al aceptar la medalla, el jefe del Bhelma IV_propuso a Zoido que la rotonda bajo el puente del Centenario por la que se accede al Copero lleve el nombre del batallón, y en ella permanezca a partir de ahora aparcado un helicóptero, que el Ejército ya ha preparado.

"Le quitaremos el motor, no se lo vayan a llevar", bromea Rebollo, como si sólo hiciera falta la llave para manejar uno de los 12 Superpuma con los que cuenta la brigada -siete en El Copero y el resto en otras bases-. Son aparatos de más de cuatro toneladas y 15 metros de largo que permiten dos horas y media de autonomía y que, en las misiones en el extranjero, sirven para el transporte de personas y logístico, sobre todo evacuaciones, muchas sanitarias. No son aparatos de combate, aunque deben aprender a tripularlos con las puertas abiertas porque, en tierra hostil, siempre se desplazan con apoyo de tiradores apostados a ambos lados.

Prepararse les lleva a sobrevolar Sevilla casi a diario, tanto en los circuitos de la base, donde se acostumbran a maniobras como aterrizar sobre una diminuta superficie en alto; como en zonas de instrucción de la provincia donde buscan terrenos secos para ensayar los cinematográficos aterrizajes en suelo polvoriento, o el vuelo en áreas montañosas. Claro que, desde que Rebollo empezó a volar con mapas de papel hasta hoy, cuando los pilotos van con GPS y PDA, el instrumental de vuelo ha cambiado bastante. Pero los pilotos aseguran que lo difícil no es volar, sino concienciarse de que, durante las misiones, pasan seis meses alejados de sus familias y sus rutinas diarias.

De todo ello dan fe los siete jefes que ha tenido la brigada, cinco de los cuales asistirán hoy al Lope de Vega en representación de los 220 miembros actuales -34 de ellos pilotos- y todos los que antes han pasado por ella. En la recogida del galardón, el Bhelma IV_no podrá evitar el recuerdo del peor momento en sus 37 años de historia: la muerte de cinco de sus miembros en un accidente en Afganistán en el que perdieron la vida 17 militares españoles en 2005.

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