Cofradías

Una noche de sobresaltos con regreso por la Avenida

Una llovizna retuvo al Museo en la Catedral y aceleró su vuelta por un camino inédito.
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el 29 mar 2010 / 22:24 h.

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Lloraban algunos nazarenos al despedir el paso del Cristo de la Expiración. Salía “la joya de la corona”, su Cristo, y llegaban malos pronósticos meteorológicos. La radio daba el último parte del Cecop facilitado a las hermandades del día: “Pueden volver los aguaceros alrededor de la medianoche”. No obstante, el palio de Las Penas avanzaba sin titubeos por Alfonso XII y los primeros tramos de nazarenos del Museo abrazaban la plaza. La procesión iba por dentro.

La maraña de nubes que comienza a ganar terreno en el cielo no afecta las sonrisas de los más de cuarenta monaguillos que anteceden al paso del Crucificado. Ellos ponen una nota de alegría a una jornada que trata de recomponerse a golpe de llamador, como el del palio de la Virgen de las Aguas. Su capataz animaba a sus hombres con la mejor jarana posible: “Esta levantá va por el padre del secretario que está al lado de la Virgen. Quiero que llegue al cielo, pero sin miedo, con casta para arriba”. Más que valor le echaron hasta poner el último varal en la calle. La estampa seguro que sería inmortalizada por la paleta del joven Murillo, aquel que estos días reside, pared con pared, con las imágenes titulares de la que es la cofradía decana del Lunes.

No se cabe en la plaza. Balcones y azoteas también están a rebosar. El gentío enloquece al escuchar los acordes de la Oliva de Salteras. Cofradía, banda, público... todos ponen de su parte para retomar el pulso cofrade a un día de continuos sobresaltos. El palio es saludado con la marcha dedicada a esta dolorosa: Virgen de las Aguas. “Éstas son las únicas aguas que queremos oír”, aplauden desde la bulla.

Pero no fue así. La noche aguardaba aún otras aguas. Las del chaparrón (leve pero preocupante) que pilló al cortejo en la Carrera Oficial. El palio se vio obligado a acelerar su discurrir por los palcos de la Plaza de San Francisco. Casi a paso de mudá y entre aplausos y sin dejar de sonar la marcha Virgen de las Aguas, la dolorosa alcanzaba la Puerta de San Miguel. Durante unos minutos la cofradía se refugió en la Catedral, donde coincidió con los pasos de Las Penas y Las Aguas. Finalizado el aguacero, se retomaba la vuelta saliendo por la misma Puerta de San Miguel.

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