Cultura

Una noche sin misterio ni imaginación

Crítica de música. En su particular repaso de las sinfonías no corales de Mahler, Halffter acometió esta vez la dificilísima tarea de llevar a buen puerto una de las páginas más incomprendidas del compositor.

el 28 mar 2014 / 21:10 h.

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ROSS: ** 10º Concierto de abono de la XXIV temporada de conciertos. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves 27 de marzo de 2014. Pedro Halffter, director. Programa: Sinfonía nº 7 de Mahler En su particular repaso de las sinfonías no corales de Mahler, Halffter acometió esta vez la dificilísima tarea de llevar a buen puerto una de las páginas más incomprendidas del compositor, con resultados irregulares y discutibles. La orquesta, convenientemente reforzada para una de las obras más imponentes y apabullantes de un autor de por sí bastante excesivo en recursos e intenciones, sonó al nivel de excelencia y brillantez que nos tiene acostumbrados, a pesar de cierta destemplanza en la trompa tenor encargada de la introducción, por lo que es el trabajo del director el que nos interesa analizar. ross-portada Canto de la noche porque los dos movimientos que enmarcan el scherzo central acabaron denominándose Nachtmusik o Música nocturna, debido a su carácter misterioso y evocador. Fueron precisamente los que Halffter entendió mejor, por el ambiente bucólico, eminentemente romántico, en el que se engendró la pieza y que tan bien se le da. El estilo de lied del segundo movimiento y el de serenata del cuarto casaron bien con el temperamento elegante de Halffter. El problema surgió al acometer el tercero en esa misma línea, pues el vals viró más hacia el lado hedonista que al dislocado o grotesco que marca el viaje de la oscuridad a la luz que propone la obra. Al allegro inicial le faltó mordacidad y contraste, profundizar en ese carácter cambiante e inestable que le hace deambular entre lo trágico y lo resplandeciente, por mucho que lograra salvar sus innumerables complejidades estructurales, armónicas y rítmicas. Con el mismo talante romántico afrontó el allegro final, un prodigio de expresividad y modernidad que en sus manos sólo resultó jubiloso y epatante, sin llegar a estremecer y sin apenas matizar esa atonalidad incipiente que le inspiró un entonces jovencísimo Schönberg. La empresa acabó de esa forma siendo disciplinada y deslumbrante, pero carente de imaginación, a pesar del considerable esfuerzo.

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