Cultura

Una novela aborda la primera huelga del país

Sin armas ni palabras, solo con gestos, en un país en el que la palabra obrero no existía y menos aún la huelga, siete mineros asturianos comenzaron hace 46 años un paro al que acabaron sumándose 40.000 trabajadores. Jorge Martínez Reverte ha recuperado este episodio en 'La furia y el silencio' (Espasa). (Foto: Javier Cuesta).

el 15 sep 2009 / 03:54 h.

Sin armas ni palabras, solo con gestos, en un país en el que la palabra obrero no existía y menos aún la huelga, siete mineros asturianos comenzaron hace 46 años un paro al que acabaron sumándose 40.000 trabajadores. Jorge Martínez Reverte ha recuperado este episodio en 'La furia y el silencio' (Espasa).

Esta demostración de solidaridad insólita tras la que España nunca volvió a ser la misma es el eje central de esta novela, así como la memoria de aquellos dos meses de 1962 que cambiaron la conciencia de un país humillado y moralmente miserable "porque de una protesta contra unas condiciones laborales brutales nació la lucha por la libertad, la lucha contra Franco", según explicó el autor.

Después de 5.000 inspiraciones de polvo de carbón extraído a más de 300 metros de profundidad durante seis horas cargando un martillo de cinco kilos, y de dos horas de marcha para llegar y otras dos para volver a casa, todo lo que recibían los mineros eran 85 pesetas al día, cuando un kilo de carne costaba casi 100.

Así las cosas, en abril de 1962, siete "productores" de la mina Nicolasa, en Mieres, decidieron, sin intercambiar otra cosa que miradas, no bajar al pozo. A partir de ahí comienza un rosario de detenciones y despidos que sólo terminará el 10 de junio, con el sueldo duplicado y su readmisión, aunque más de cien de ellos no podrán recuperar su puesto y eso dará lugar a otra huelga en agosto. Pero ésa es otra historia.

En medio, las empresas mineras, con un papel que el escritor describe como "siniestro", porque el carbón ya no les era rentable y querían que la situación se degradase al límite para forzar que el Estado, como acabaría sucediendo años después, se quedara con las minas. Es una historia "fascinante", llena de "personajes maravillosos", que "la gente debería conocer, porque significó el cambio de un país", sin líderes, en silencio, sin más altavoz que Radio Pirenaica, y con la sola fuerza de una solidaridad que nunca más se ha visto en España.

La chispa de la emulación la encendía el trabajador más respetado con el gesto de no bajar la percha para recoger su ropa de trabajo. No hacía falta más. A los "indecisos" les regaban el camino de maíz y ya sabían ellos que les estaban llamando "gallinas", "y eso no, cobardes nunca".

Lo que más le ha interesado al escribir sobre esa "huelgona" es que la historia, documentada a partir de más de 60 entrevistas con sus protagonistas y los archivos policiales, se lea como una novela, "que se entiendan bien los hechos pero a la vez que pueda apasionar".

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