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Una nueva legislatura

El día 3 de abril, con la constitución del nuevo Parlamento, empezará una nueva legislatura, la VIII desde que se aprobó el primer Estatuto de Autonomía. Precisamente el desarrollo del segundo, aprobado el pasado año, centrará el trabajo parlamentario.

el 15 sep 2009 / 02:31 h.

El día 3 de abril, con la constitución del nuevo Parlamento, empezará una nueva legislatura, la VIII desde que se aprobó el primer Estatuto de Autonomía. Precisamente el desarrollo del segundo, aprobado el pasado año, centrará el trabajo parlamentario, ya que son varios los preceptos estatutarios que reclaman un complemento legislativo o una adaptación y mejora de la actual normativa vigente. Pero la nueva Cámara ofrece otras perspectivas más sugerentes e interesantes desde un punto de vista estrictamente político.

Por primera vez el andalucismo estará ausente, circunstancia que les condena prácticamente al ostracismo, pues la tribuna parlamentaria sirve además para dar publicidad a través de los medios a cuantas iniciativas o alternativas políticas se quieran hacer llegar a la sociedad; y les va a privar de sustanciosos recursos económicos, imprescindibles para la organización y el trabajo partidario y para su actuación cotidiana. La nueva travesía del desierto va a ser difícil y habrá que constatar si los líderes andalucistas tienen capacidad para "refundar" el partido.

IU presenta un aspecto coincidente con los andalucistas: su crisis interna y la necesidad de una redefinición política. En el Parlamento, pretenderá mantener una posición de izquierda claramente diferenciada de los socialistas y ofrecer desde esa ubicación alternativas políticas y sociales propias con contundencia, sobre todo en algunas materias como la deuda histórica. Para ello es lógico que la representación del Grupo parlamentario recaiga en Diego Valderas, que tiene experiencia política y parlamentaria y que podrá suplir la ausencia, incomprensible, de esa extraordinaria parlamentaria que ha sido en varias legislaturas Concha Caballero.

Los dos partidos mayoritarios tienen ante sí los retos más apasionantes de la legislatura por cuanto el Parlamento va a ser uno de los escenarios privilegiados donde se represente su confrontación. El 9M ha dejado dos cosas muy claras: la mayoría absoluta del PSOE y su hegemonía en la política andaluza y el notable avance del PP con un incremento de 10 escaños. Los términos del enfrentamiento político están claros: ¿conservará el PSOE su hegemonía después de treinta años de gobierno? ¿conseguirá el PP romper la mayoría absoluta y ser alternativa real de gobierno?

La gestión socialista debe seguir desarrollando sus políticas sociales, de igualdad y de ampliación de ámbitos de libertad, especialmente en educación, salud, vivienda, dependencia, etcétera y dotarse de los medios materiales indispensables para esas actuaciones. La crisis económica añadirá dificultades a la acción de gobierno que deberá concretarse en realidades perceptibles por los ciudadanos. Para conseguir su objetivo, el PP tiene un sólido apoyo en el poder municipal que detenta en Andalucía (gobierna en cinco de las ocho capitales) y tiene como mayor inconveniente una débil estructura organizativa y la dificultad de conseguir aliados parlamentarios en el supuesto de obtener una mayoría relativa. En todo caso, habrá que ver el tipo de oposición que ejerce en el Parlamento, aunque la designación de su portavoz parece indicar la pauta que se va a seguir. El tiempo aclarará estas cuestiones.

Antonio Ojeda Escobar es notario

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