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Una obrera del Derecho

el 23 ene 2011 / 08:14 h.

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Llegó hace seis años con una firme convicción: trabajar por todo aquello que se puede mejorar. A ella la idea de ser fiscal jefe ya le rondaba por la cabeza, pero su marido (magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía) fue quien le dio el empujoncito que le faltaba, convirtiéndose en la primera mujer de Andalucía que asumía este cargo.

Su mano firme se nota desde entonces en la Fiscalía de Sevilla y no es de extrañar, conociendo su afán por que las cosas se hagan bien. Por eso el día de mañana será un examen para la Fiscalía sevillana y un día para marcar en su historia. Comienza el primer juicio por el crimen de Marta del Castillo, el que sentará en el banquillo al menor de edad conocido como el Cuco. Todo un reto para el departamento que dirige María José Segarra, que está convencida de que "hay pruebas suficientes" para condenar a los cinco implicados en el crimen, pese a que el paradero del cuerpo de Marta siga siendo una incógnita dos años después.

Segarra sabe que éste es un juicio clave, cuyo final marcará el de los cuatro adultos implicados y por eso ha intentado, en vano, que ambos coincidieran en el tiempo. Pero los recursos y los excesivos trámites han dado al traste con su objetivo. Aunque ella no estará en la sala, sí ha seguido la investigación con lupa. Todas las decisiones importantes han pasado por su mesa, las de este caso y las de muchos otros, porque tiene una gran capacidad de trabajo. Quienes la conocen admiran además su prodigiosa memoria, capaz de recordar detalles de todos los asuntos que supervisa. Y eso que llegó al mundo del Derecho de pura casualidad, porque en su casa nadie se dedicaba a esto de la Justicia. A ella le gustaba Historia, pero ya la había estudiado su hermana, así que se decidió por ser jurista. Luego continuó "con lo que sabía hacer, estudiar", y se presentó a las oposiciones para fiscal.

Segarra, que pertenece a la Unión Progresista de Fiscales, pasa gran parte del día en su despacho, un islote en el basto edificio de la Audiencia Provincial, desde el que organiza el ingente trabajo de la Fiscalía de Sevilla. Precisamente, su guarida está situada en la misma planta donde se desarrollará el juicio al Cuco. Ella, que no gusta de figurar en la prensa ni es amiga de las fotos, tendrá que aprender a convivir durante tres semanas con el ajetreo mediático que convertirá a la apagada y lóbrega sede judicial en una redacción periodística.

María José Segarra no da entrevistas y sólo se deja ver en los actos oficiales imprescindibles. Y aunque tiene buena relación con los plumillas que escudriñan por los pasillos, ella prefiere dejar que sea su secretaria la que lidie con los toros de la información, concediéndole funciones de portavocía, pues es consciente de la necesidad de que la labor de la Fiscalía sea transparente ante la prensa. Pero Segarra es más una mujer de su trabajo y de su familia. Siendo madre de dos hijos y teniendo a su cargo a una persona mayor, el poco tiempo que le queda libre lo dedica a los suyos o a practicar el yoga. Quizá sea esta técnica la que le imprime ese carácter sereno y afable que todo el que trabaja con ella destaca. Es más, aunque es muy exigente en el trabajo y el listón lo pone muy alto "no sabe echar broncas", y si lo hace nunca abandona su habitual dulce tono de voz.

Pero no todos son alabanzas al trabajo de esta madrileña. En estos seis años su labor también ha recibido críticas, precisamente con casos tan mediáticos como el de Marta o Mercasevilla. Desde que comenzara su carrera en 1987 en la Ciudad Condal, ha dedicado gran parte de la misma a los menores. Desde entonces ha colaborado con numerosas entidades y asociaciones que trabajan con la infancia para fijar protocolos de actuación con la Fiscalía. De ahí que no le duelan prendas en llevar ante los tribunales a las cadenas de televisión que no respetaron la intimidad de la menor ex novia del asesino confeso de Marta. Sabía que su actuación no iba a ser comprendida por la sociedad, pero aún así siguió adelante hasta conseguir una sentencia condenatoria. Tampoco tuvo reparos en reunir a la prensa para advertirles de que no sacaran las imágenes ni detalles íntimos de la niña de 10 años que fue madre.

Más duro ha sido enfrentarse a las críticas poco fundadas por su actuación en el caso Mercasevilla, aunque ella es bien sabedora de que se trata de una cuestión política. Segarra fue la que inició la investigación del caso, la que abrió la senda que luego continuó la juez Mercedes Alaya cuando el PP decidió denunciar el caso en los juzgados. Fue cuando interrumpieron su trabajo y no tuvo más remedio que dejar el caso, cuando el camino ya estaba asfaltado. Pero Segarra ya está acostumbrada a estas batallas, sirva como ejemplo la que tuvo que combatir con la crisis abierta en los juzgados sevillanos con el caso Mari Luz y el juez Rafael Tirado.

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