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Cofradías

Una oda al clasicismo en la Magdalena

Los metales recién restaurados del paso de misterio deslumbraron a la luz del sol. Ver fotogalería

el 01 abr 2010 / 20:09 h.

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Algún que otro rancio afirma que la Semana Santa empieza realmente el Jueves Santo en la plaza de la Magdalena. Aunque sea un extremismo, lo cierto es que la Quinta Angustia resume en una cofradía de 500 nazarenos y un solo paso la esencia más clásica de la Semana Santa. Si además el magnífico paso sale restaurado y con un monte de claveles rojo sangre que aporta más sobriedad y patetismo si cabe al descendimiento de Cristo -plasmado en uno de los mejores misterios de la ciudad cuyos artífices son Pedro Roldán y Pedro Nieto- Sevilla y la calle San Pablo viven una recreación del mismísimo siglo XVI.

Al intuirse por fin el cimbreo del Cristo, este año con potencias, la inmensidad de la plaza de la Magdalena guarda un silencio sepulcral. Al recogimiento contribuyen los cantos de la agrupación vocal que acompaña al trío de capilla mientras el recién restaurado paso de misterio se acerca al arco de medio punto de la puerta de la Magdalena. La intervención realizada por los hermanos Caballero y la orfebrería de Manuel de los Ríos, en la que se descubrió que el metal del paso no era bronce como se pensaba, ha otorgado a las andas un aspecto excepcional, que alumbrado por el decadente sol del Jueves Santo sorprendió a los presentes. Tras la salida, en la maniobra para devolver a la cruz a su lugar original, el sudario se enganchó en la corona de la Virgen de la Quinta Angustia, desplazando ésta y rasgando la sábana. Un leve problema que fue rápidamente subsanado por el equipo de priostía.

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