Una pequeña Utrera en Cataluña

El Vendrell, en Tarragona, cuenta con una importante colonia de utreranos que emigraron durante el siglo pasado y que han fomentado la unión entre ambas localidades. El último nexo, una plaza dedicada al municipio tarraconense

el 09 nov 2013 / 22:00 h.

Medio centenar de utreranos que viven en Tarragona se desplazaron al municipio para la inauguración de la Plaza de El Vendrell. Medio centenar de utreranos que viven en Tarragona se desplazaron al municipio para la inauguración de la Plaza de El Vendrell.

Manuel Garrido conoce con detalle los más de 900 kilómetros de carreteras que separan Utrera de la localidad tarraconense de El Vendrell. Maguillo, como todo el mundo lo llama, es uno de los muchos utreranos que tuvieron que dejar atrás su tierra natal para buscarse una vida mejor hace medio siglo. Fueron tantos los que emigraron a esa localidad de Tarragona que entre ambas poblaciones existen importantes nexos de unión, que se han plasmado de manera institucional.

Rondaba la mayoría de edad cuando emprendió el viaje a tierras catalanas. Antes, con 16 años, ya se había ido de su pueblo, falsificando la firma de su padre, para poder hacer la mili en Madrid. Era prácticamente un niño, pero conocía muy bien las “necesidades que pasábamos en Utrera, y en toda Andalucía”. Por ello, cogió una maleta de madera que aún conserva y se marchó hasta El Vendrell, un municipio que, por aquella época, “estaba muy bien económicamente”. Era el año 1961.

Entre 1955 y 1975, “más de 1.500” paisanos tuvieron que seguir el mismo camino y afincarse en El Vendrell. Tan importante es la presencia de utreranos en la localidad del Bajo Penedés que “en torno al 25% de la población total” tiene sus raíces en Utrera.

A sus 71 años, Maguillo aún se emociona recordando la historia de su vida y hablando del pueblo que lo vio nacer. Había dejado a todos sus hermanos y a su padre y caminaba solo por España, intentando buscarse un futuro más agradable del que se le ofrecía por el sur del país. Estaba ya en tierras catalanas, paseando por La Rambla vendrellensa, cuando encontró a un hombre que resultó ser de Utrera y lo llevó con su familia para darle cobijo. Ahí comenzó una nueva vida para él que, a pesar de la distancia, no le ha hecho olvidar su cuna: ha venido trabajando para que la ciudad sevillana y la tarraconense estén más próximas.

“Utrera y El Vendrell se tienen que unir”, se dijo un día. Y lo consiguió. Fueron años de contactos, de recorrer un largo camino durante los 90, hasta que en marzo de 2000 se materializaba el hermanamiento oficial entre ambas poblaciones. Antes de ello, y también después, no han sido pocas las actividades en las dos localidades llevando aspectos propios de la cultura y tradiciones de una punta de España a otra: Utrera ha visto actuar a los castellers, en El Vendrell se han elaborado y servido mostachones gigantes de pasteleros utreranos, desde 2006 un parque vendrellense lleva por nombre Ciudad de Utrera, ha habido competiciones deportivas... Así hasta el último acto celebrado en el utrerano parque de Consolación, la inauguración de la Plaza de El Vendrell. Medio centenar de personas viajaron a Utrera para participar en este entrañable acto, un paso más en los lazos entre los dos municipios.

Hasta en el ámbito cofrade existe unión: en la población tarraconense hay una hermandad de penitencia con una imagen dolorosa bajo la advocación de Virgen del Consuelo –la patrona utrerana–, esta cofradía se encuentra hermanada con la Quinta Angustia de Utrera, también guarda estrechos lazos con la Consolación, y es miembro honorario del Consejo Local de Hermandades y Cofradías de Utrera, además de celebrarse allí un pregón de Semana Santa donde la presencia de utreranos es constante.

Han pasado muchos años desde que Maguillo se marchó de Andalucía, aunque eso no impide que él, y muchos paisanos suyos, vuelvan cada vez que pueden para reencontrarse con sus orígenes. Manuel suele viajar a Utrera recorriendo los casi 1.000 kilómetros en su coche. Se conoce cada tramo, sabe que son unas ocho horas de trayecto, que cuando hace parada en Sisante (Cuenca) está a mitad de camino, y reconoce que su cuerpo respira de otra forma al acercarse a Utrera. Cuando va de vuelta, se encarga de ir bien pertrechado con el dulce más famoso de su tierra, llevando decenas y decenas de mostachones para que los vendrellenses tengan presente el sabor de su pueblo.

Es utrerano, se siente utrerano, pero también de El Vendrell. A pesar de ello, confiesa hacer publicidad de su tierra de origen afirmando que “en Utrera se sabe vivir mejor. Los tiempos no son buenos, pero en Utrera creo que el poder de adaptación es mayor y, a pesar de tener esta mala situación, son capaces de afrontar la vida de mejor manera”.

Sea como fuere, está claro el amor que los utreranos siguen guardando a su pueblo natal a pesar de la distancia. Y cuando Maguillo se adentra por el parque Ciudad de Utrera, seguro que un pellizco le recuerda la tierra que un día tuvo que dejar atrás para poder salir adelante.

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