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Una placa recuerda la memoria de las 80 víctimas sevillanas del exterminio nazi

A Agustín Roldán se le hizo un nudo en la garganta al poco de descubrir la placa de aquellos sevillanos que dejaron su vida en los campos de exterminio nazi, tras huir de la Guerra Civil, malvivir en Francia y finalmente ser capturados por un ejército alemán que anuló su lucha con trabajos forzosos.

el 05 may 2010 / 13:52 h.

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Agustín Roldán descubre la placa aplaudido por las autoridades.

Su padre, Aureliano, era de los muchos que no aguantaron esa tortura, tras sufrir auténticas calamidades en los campos de concentración de Mauthausen, Gussen y perecer en el castillo de Hartheim, una noticia de la que su familia se enteró cinco años después y de la que apenas pudo hablar, ante el temor de represalias por parte del régimen franquista.

Su hijo, justo 65 años después de la liberación del campo de Mauthausen, descubrió la placa donde figuran los nombres de las 80 víctimas sevillanas del Holocausto y su lugar de origen. En ellas no figura su padre, ya que su familia, pese a vivir en Sevilla desde hace años, sufrió el horror de la Guerra Civil española en Santa Fe (Granada). Pero, aunque no esté inscrito, si está en espíritu con la presencia de su hijo y de su nieta, Lola Roldán, que considera que este homenaje "es necesario para mantener la memoria de la atrocidad que sufrieron estas personas".

Quien sí figura en la placa, colocada entre los dos patios de la sede de la Diputación de Sevilla, es Manuel Martín Rivas, natural de El Real de la Jara, que falleció en la cámara de gas del campo de exterminio de Gussen el 6 de noviembre de 1941, cuando sólo tenía 32 años, según relatan sus sobrinas, Natividad Risco y Fraternidad Martín. "Lo que más duele es que digan que pases página, pero a mí cómo se me va a olvidar aquello", manifestó Natividad, que ya perdió a otro de sus tíos, que fue víctima de la represión franquista.

La foto, ya añeja, de Manuel figuraba en una de las pancartas que eran sostenidas bien alto por miembros de las asociaciones de memoria histórica de la provincia mientras los políticos daban sus discursos. Pero no era el único, sino que estaba acompañado por las fotos de Cristóbal Pariente Ojeda, un vecino de Osuna que falleció en 1941; o de Gonzalo Ortiz Crespo, de Estepa, que también murió ese año en el campo de Gussen.

Esa placa, fruto de un convenio entre la Consejería de Justicia y la Diputación Sevilla, supone un alivio para las familias de las víctimas, con un mensaje muy distinto al que figuraba en los campos de exterminio, en los que se remarcaba que El trabajo os hará libres, aunque en el caso de los sevillanos -que se hace extensible al resto de españoles- tan sólo sobrevivieron unos pocos. De hecho, de los 114 sevillanos contabilizados sólo se salvaron de morir en tierras alemanas 34 de ellos, aunque hubo también quienes al poco tiempo no se pudieron recuperar de las atrocidades sufridas, según explicó ayer el representante de la asociación Amical de Mauthausen, Ángel del Río.

Antes de descubrir la placa, las autoridades políticas hicieron un alegato en defensa de los que "sufrieron y murieron por las libertades". Así comenzó su discurso el presidente de la Diputación de Sevilla, Fernando Rodríguez Villalobos, que exigió que "se mire atrás sin miedo y de frente a la historia". Y, con ese alegato, señaló el golpe sufrido no sólo por estos 80 sevillanos y sus familias, sino también de los 33 municipios de donde procedían antes de "su destierro, su mala acogida en Francia y después sufrir el horror nazi".

Tampoco faltó en el turno de intervenciones el consejero de Gobernación y Justicia, Luis Pizarro, que reivindicó que la memoria histórica es "una obligación legal y moral" y que las políticas que desarrolla la Junta al respecto suponen "encuentro y respeto" hacia los que evitan el olvido de "hechos que no se pueden volver a repetir".

Al acto, además de familiares, asistieron personalidades como la delegada provincial de Gobernación, Carmen Tovar; la diputada provincial de Cultura e Identidad, Guillermina Navarro, y el comisario de la Oficina para la Recuperación de la Memoria Histórica, Juan Gallo, que estuvo acompañado de otras personalidades procedentes de las asociaciones relacionadas con la memoria histórica.

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