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Una procesión para una gran efeméride

La tradición volvió a cumplirse: hacia las tres de la mañana, los almonteños se habrán conjurado de nuevo para saltar la reja y sacar a su patrona en procesión. La salida de la Virgen del Rocío tiene 106 paradas, la de los saludos a las filiales que han hecho el camino. El rezo del rosario fue llenando de fe a los almonteños, hasta que la paciencia se desbordó. La Virgen estaba en la calle.
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el 16 sep 2009 / 03:36 h.

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En torno a las 3.00 horas de este Lunes de Pentecostés, los almonteños habrán saltado la reja que rodea el presbiterio para sacar a su patrona en procesión, y esta mañana la Virgen continuará saludando a las 106 filiales. La hora, variable en función de lo que tarde el nuevo Simpecado de Almonte en llegar tras el rezo del Rosario de las hermandades desde la plaza de Doñana al santuario, depende también de la paciencia de los jóvenes, que ya desde la media tarde de ayer aguardaban el momento junto a la mítica reja.

Desde la semana anterior a la romería, la Virgen del Rocío aguarda en su paso, en el centro del presbiterio, con el traje que los duques de Montpensier le regalaron con motivo de su coronación, en 1919, de la que este año se cumplen 90 años. Una imagen diferente a la de otras romerías, para las que la Reina de las Marismas suele vestir el conocido como manto de los Apóstoles.

"Como el traje de los Montpensier ha sido pasado a un nuevo tisú bordado en plata, pensé que le pegaba otro tipo de flores". Por esto José Manuel Vega Morales, hijo y hermano de las camaristas, ha creado ramilletes de flores silvestres (margaritas, amapolas, lirios y hojas de eucaliptos) que aportan al paso otro colorido, muy alejado de las habituales grandes rosas de tonos pasteles o malvas.

Aunque la Virgen sale en procesión con la ráfaga habitual, ha lucido la conocida como la de puntas en recuerdo de aquella efeméride hasta días antes de la romería. Lo que sí estrena, sujetos por unos de esos "millares" de alfileres que entre Carmen Rocío Vega Morales y su madre Carmen Morales le colocan para vestirla y sujetarle las joyas, es un broche con una réplica de la corona en miniatura, regalo de Almonte.

Quizás los rocieros, llegados ayer o el viernes, no hayan reparado en este broche pese a pasar horas en la ermita contemplándola, y probablemente no lo distingan entre las joyas que lleva la Virgen en la procesión. Procesión, por cierto, que recorre la explanada ante el santuario, el Paseo de la Marisma, El Real -donde ayer por la tarde trabajaban a destajo para desmontar el altar del pontifical-, el Acebuchal, la calle La Romería, el Eucaliptal, la calle Almonte y Las Carretas. Eso sí, el tiempo que está en la calle es impredecible: apenas diez horas o casi trece.

En cualquier caso, los rocieros que ayer abarrotaban la ermita hacían cola ante la capilla de las velas; quizás alguno, en esos compases de espera, haya reparado en ese gran cirio que ha permanecido encendido en el altar recordando a los donantes de órganos y a los que esperan un trasplante en este Rocío de vida y esperanza que hoy ha estallado en la aldea.

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