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Una reflexión nacional

Los datos que arroja el informe PISA sobre la Educación en Andalucía son desalentadores. Se trata de un resultado pésimo, sin paliativos ni excusas comparativas. Llegados a este punto, en el que la Educación comienza a ser un síntoma además de un problema, urge formularse una serie de preguntas que, más allá de la coyuntura, contribuyan a forjar un sistema de excelencia educativa en Andalucía...

el 14 sep 2009 / 21:06 h.

Los datos que arroja el informe PISA sobre la Educación en Andalucía son desalentadores. Se trata de un resultado pésimo, sin paliativos ni excusas comparativas. Llegados a este punto, en el que la Educación comienza a ser un síntoma además de un problema, urge formularse una serie de preguntas que, más allá de la coyuntura, contribuyan a forjar un sistema de excelencia educativa en Andalucía, una comunidad que ya ha demostrado ser capaz de abandonar estadios historicos de subdesarrollo en otras materias como la sanidad o las infraestructuras. Pero ¿realmente hay una apuesta decidida por la Educación en Andalucía? Y cabría preguntar igualmente por España. Los datos indican que existe una voluntad política de que así sea pero que se hace acompañar por una ineficacia de facto en los resultados, salvo que nos sirva consolarnos con los avances registrados en 25 años: la evolución desde una sociedad altamente analfabetizada a la actual. Los problemas que presenta la educación andaluza en todas las materias nos sitúa a gran distancia de los países de nuestro entorno y con los que debemos competir. Sería fatuo vanagloriarnos porque nuestro sistema educativo mejora a los de países como Kirguistán, Colombia o Montenegro. El despegue definitivo de Andalucía, que está recibiendo sus últimos fondos de cohesión, requiere de unas bases sólidas en la Escuela. Pero el panorama es confuso. La formación generalista de gran parte del profesorado, su desincentivación, la falta de recursos económicos y humanos y el escaso reconocimiento social de los docentes son sólo parte del problema, que atañe a una dinámica en la que ni los profesores ni los centros se someten a evaluaciones rigurosas y continuas. La dimisión de los padres en su papel de coeducadores, el cambio de hábitos de la infancia y la juventud y la progresiva tecnologización ofrecen otro perfil del mismo problema. La práctica política actual tampoco contribuye a fijar un sistema con mimbres inamovibles. El gran pacto por una Educación de calidad sigue siendo una necesidad urgente en España y Andalucía.

La generación del 98, paradigmática por tantas cosas, fue capaz de promover una reflexión nacional sobre la Educación en un momento en el que se encontraba en una encrucijada. La Historia se repite. Hoy asumimos el reto de nuestra competitividad en el ámbito de la Sociedad del Conocimiento, que hunde sus raíces en el esfuerzo y el rigor intelectual. Es labor de todos repensar el sistema educativo, piedra angular del desarrollo, el progreso, la felicidad y la articulación moral de un país.

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