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Una reválida casi imposible

Subcampeones del mundo en 2002 esquilmados en la final por la última gran selección de Yugoslavia, los argentinos llegaron a Atenas con muchas ambiciones pero no podían ni imaginarse que se colgarían el oro en baloncesto y fútbol para firmar un doblete excepcional y muy difícil de reeditar.

el 14 sep 2009 / 23:57 h.

Subcampeones del mundo en 2002 esquilmados en la final por la última gran selección de Yugoslavia, los argentinos llegaron a Atenas con muchas ambiciones pero no podían ni imaginarse que se colgarían el oro en baloncesto y fútbol para firmar un doblete excepcional y muy difícil de reeditar.

Es una potencia de primer orden en algunos de los deportes más populares del mundo, pero no se puede decir que Argentina brille en el panorama olímpico. En Atenas, algunas de las seis medallas sumadas por los representantes del Cono Sur fueron de mucho peso: sendos oros en baloncesto y fútbol masculino. El exiguo medallero argentino se completó con cuatro bronces: el de las leonas en hockey hierba, el de los regatistas del Tornado, el de Georgina Bardach en natación y el que aportó la 'legión', el contingente de tenistas del país que tan bien lo hace en el circuito profesional, en las personas de las doblistas Paola Suárez y Patty Tarabini.

Las chances de medalla de Argentina en Pekín no son muchas más que las relatadas pero la selección de baloncesto que tratará de revalidar el oro no lo tendrá sencillo. Para empezar, porque Estados Unidos, con varias estrellas de la NBA en el equipo, se ha conjurado para volver a reinar sobre el universo FIBA después de tres fracasos consecutivos, dos Mundiales y el referido de Atenas.

Además, Ginóbili y sus compañeros tendrán que luchar no sólo con los norteamericanos, sino con otras selecciones potentes, empezando por la española, que los batió en las semifinales del último Mundial. Sin olvidar a la siempre complicada Lituania y a la renacida Rusia de Kirilenko.

Pero el principal enemigo que tendrán los argentinos serán ellos mismos. El equipo que ahora dirige Sergio Hernández (suplió al laureado Rubén Magnano, esta temporada fracasado en Cajasol) apenas si se ha renovado en el último cuatrienio. Al contrario, dos pilares como Hugo Sconochini y Alejandro Montecchia se han retirado, y la única novedad positiva es la explosión de Carlos Delfino, un exquisito tirador que estuvo en Atenas pero era muy joven y jugó un rol secundario. Al grupo se ha incorporado Pablo Prigioni, que supera la treintena, igual que otros compañeros como Oberto, Farabello, Leo Gutiérrez, Pepe Sánchez, Wolkowyski y Manu Ginóbili, aunque la gran estrella de los Spurs se encuentra en el momento más dulce de su carrera.

Tricampeón de la NBA.

En 2004, el alero de los San Antonio Spurs fue declarado MVP del torneo olímpico, en el que promedió 19,3 puntos por partido y un monstruoso 71% en tiros de campo. Nada, desde luego, que extrañase a quienes lo llevaban siguiendo desde los tiempos en los que llevó al Kinder de Bolonia a ganar la Euroliga o a convertirse en el primer jugador suramericano en lograr un anillo de campeón de la NBA formando en el quinteto inicial, algo que logró en su primera temporada en San Antonio, la 2002-03. En 2005 y 2007, seguirían otros dos títulos de la liga profesional norteamericana, varias presencias en el partido de las estrellas y la conformación del llamado Big Three de San Antonio junto a Tim Duncan y a Tony Parker.

Tendrá que recurrir a todo su talento Argentina si quiere seguir en la elite del baloncesto mundial porque esta generación gloriosa se agota y no se atisba el relevo. En Pekín, Ginóbili explotará sus cualidades de lanzador y también todo su carácter ganador, el que ha inculcado a sus compañeros de selección y el que ha mamado de Gregg Popovich, el entrenador que ha convertido a San Antonio en una referencia.

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