Cultura

"Una revolución surge de la necesidad o no tiene sentido"

El escritor italiano, una de las estrellas de la Feria del Libro de Madrid, analiza el momento actual.

el 30 may 2012 / 20:07 h.

Pausado, sensato, reflexivo, Erri de Luca (Nápoles, 1950) reúne en la misma persona al intelectual y al aventurero, al hombre sensible y al hombre de acción. Militó en el grupo revolucionario Lotta Continua, fue albañil y operario en una fábrica de automóviles, viajó en plena guerra de los Balcanes como camionero voluntario y es un consumado alpinista.

Como escritor, lleva muchos años viendo sus libros editarse en España -Tú, mío, Montedidio, Lo contrario de uno, El día antes de la felicidad-, pero ha sido con su último título, Los peces no cierran los ojos (Seix Barral) con el que se ha dado a conocer al gran público. De Luca, una de las estrellas de la actual Feria del Libro de Madrid, sigue pareciendo en el fondo un tímido incurable, pero habla claro y va al grano.

-Como todos los hombres de izquierdas, ¿se siente a veces el último hombre de izquierdas?

-Siento que la pertenencia a la izquierda se ha vuelto una actitud individual, un acto de voluntad. Me digo de izquierdas si excluyo que exista un partido de izquierdas en Italia. La idea de que la izquierda tiene que ver con el centro, carece de sentido. La izquierda es la extremidad: del pensamiento, del territorio, del razonamiento.

-En 1980, usted participó durante 40 días en una de las últimas grandes huelgas de Italia...

-El bloqueo de la fábrica...

-Sí, aquello de la FIAT... ¿Cree que es el momento de retomar las viejas banderas?

-No. Aquella fue una lucha de resistencia contra la expulsión. No podía vencer, podía sólo hacérsela pagar lo más caro posible a la contraparte, a la patronal. Esa lucha clausuró una época, una larguísima temporada de poder obrero. Porque ser obrero en Italia fue, en los 70, un trabajo noble y político, los operarios tenían una voz política, un rango, una responsabilidad, un valor añadido. Cuando un operario tomaba la palabra en una asamblea, se producía un silencio absorbente. En el otoño del 80 aquello se acabó, pero estoy contento de haber pasado 40 noches de mi vida delante de la Puerta de Vehículos 11 de Mirafiori.

-La caída de Berlusconi ha contentado a muchos, pero ¿es mejor el gobierno de tecnócratas que le ha reemplazado?

-No, porque la representación política que lo sostiene es la misma. Pero es un alivio al menos no ver esa siniestra figura abrir los telediarios...

-Recuerdo una entrevista suya, en la que usted decía que los políticos lo que tenían que hacer era suscitar sentimientos, más que gestionar...

-Sí, la habilidad de un político no es tanto hacer, como suscitar: sentimientos, esperanza, buena voluntad, legalidad, espíritu de pertenencia a una comunidad. Hoy no existen políticos, existen administradores delegados.-Usted militó en Lotta Continua, que defendía la violencia como método revolucionario. ¿Ha tenido alguna vez sentido la violencia?-El 1900 ha sido un siglo revolucionario. ¿Por qué? Se han cambiado las relaciones de fuerza en el mundo, se han derribado los imperios coloniales, se han tumbado tiranías, hubo revoluciones en África, América Latina, América Central... Han sido el instrumento político del siglo. Por eso, preveían el encuentro frontal en la lucha política, y también militar, con el enemigo. Las revoluciones, ganen o pierdan, no son pacíficas.

-¿Qué podemos hacer, pues, contra eso que Raffaele Simone llama El monstruo amable, el neoliberalismo imperante?

-No podemos hacer gran cosa. La revolución es el fruto de una necesidad, por la cual las personas están dispuestas a arriesgar su propia vida, su libertad, para cambiar el presente estado de cosas. Hoy no se dan las condiciones en esta pequeña Suiza nuestra, porque Europa se ha vuelto una especie de Suiza alargada, con cantones un poco más ricos y otros un poco más deprimidos. No hay condiciones ni siquiera para pronunciar la palabra revolución. La revolución no es una vocación. O es una necesidad, o no tiene ningún sentido.

-O sea, nada que ver con el sentido que le dan a la palabra "revolución" las manifestaciones de indignados en España o Italia...

-No, no hablan de revolución porque no tienen el objetivo de subvertir el poder político existente. Quieren ser escuchados, tratados como interlocutores del poder político. Por eso, estas grandes manifestaciones se dirigen al futuro, no tienen ninguna posibilidad de ser escuchados ahora. Sólo es noticia cuando hay episodios de violencia. La violencia es todavía una señal de alarma que llama la atención.

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