Cofradías

Una saeta para los que se fueron regalando vida

“Dicen que para cantar una saeta hay que sentirla, y yo siento a esa persona que me dio vida", dice del donante que le regaló un riñón.

el 31 mar 2010 / 21:38 h.

Pili demuestra cada año su devoción por Los Negritos cantándole.

Cuando, a los 14 años, Pilar Vázquez le dijo a su madre "quiero ser artista", la negativa por respuesta hizo que la inocente niña se presentara al Concurso de Saetas de Radio Sevilla con el apellido de una de sus amigas. Fue así como se creó el nombre de Pili del Castillo, hoy reconocida saetera dentro y fuera de Andalucía.

Pili recuerda con emoción los dos días que cantó "por primera vez". Uno de ellos fue en una Semana Santa del año 60, mientras pasaba La Amargura: "Fue el día en que mis padres me dejaron salir con las amigas en vez de con ellos", cuenta. El otro sucedió en septiembre de 2003, cuando Pili del Castillo recuperó la voz y la vida gracias a un donante que le cedió su riñón: "El trasplante es otro nacimiento. Por ello, en esta nueva vida que dura ya seis años, además de a la saeta, me dedico a luchar para que todos nos concienciemos de la necesidad de donar nuestros órganos", explica.

Pero su modo de lucha no es otro que cantar. Junto al doctor José Pérez Bernal, coordinador sectorial de trasplantes de Sevilla, Pili del Castillo viaja por toda España para demostrar con sus saetas que el trasplante le ha devuelto la voz, y estimular con ella a las personas para que sean donantes: "Nunca perdí la esperanza, pero sí veía como mi fuerza se apagaba. Ahora, recuperada, la saeta es para mí un alusivo al trasplante. Con ella doy gracias a la Virgen y a las buenas personas que se fueron al cielo regalando vida", declara emocionada.

Por ello, Pili mira con brillo en sus ojos los cirios que por tercer año consecutivo la Hermandad de los Negritos ha fundido en algunos de sus pasos por los donantes de órganos. Y se siente orgullosa de cantar saetas para recordar a los que se marcharon y permitieron que otros muchos, como ella, pudieran quedarse.

Así, aunque Sevilla relaciona a Pili del Castillo con "la saeta del pañuelito", letra que Manolo Garrido escribió para que ella la cantara a la Esperanza de Triana, hoy le dedicará a la Virgen de los Ángeles una saeta con la que ahora, en su segunda vida, se siente más identificada: "la saeta de la vida" le gusta llamarla.

"Dicen que para cantar una saeta hay que sentirla", explica. Por ello, antes de 2003, como lo que más sentía era el amor materno y paterno, Pili cerraba los ojos y entonaba la voz sintiendo a sus padres. "Desde el trasplante, aunque ellos siguen conmigo, siento a esa persona que me dio vida", declara.


  • 1