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Una segunda oportunidad

El centro de rehabilitación de la asociación ADCA trata de mejorar la situación de las personas con daño cerebral para que vuelvan a su vida con la mayor normalidad posible.

el 17 ene 2010 / 20:50 h.

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Emoción. Diego de los Santos, visiblemente emocionado, ayer en el homenaje de su pueblo.

Juanjo tiene 44 años y vive con su madre en un piso del barrio de León XIII. Hasta hace apenas año y medio su vida consistía en estar en casa viendo la televisión y salir sólo cuando su madre le obligaba "para que le diera el aire". Tiene daño cerebral congénito y problemas de movilidad, por lo que tiene que ir en silla de ruedas. Su madre, Ángeles, ha dedicado toda su vida a cuidarle y a estar junto a él. Pero al menos tiene ayuda, y muy especializada: Juanjo es sólo una de la decena de personas a las que atiende la asociación ADCA (Asociación Andaluza para la Rehabilitación e Integración del Daño Cerebral Adquirido y Congénito). En el centro de rehabilitación, personas con daño cerebral adquirido y congénito se relacionan y se preparan para, en la medida de lo posible, reintegrarse en la sociedad.

El daño cerebral adquirido y congénito tiene un coste emocional y económico que muchas familias no pueden sobrellevar solas. "Me ha salvado la vida. Yo no sabía cómo estar sola con él y, aunque cuando me dieron la opción de la unidad me dio bastante miedo, ahora estoy muy contenta con el resultado", dice Ángeles, su madre. Cuando el padre de Juanjo murió parecía que el mundo se venía abajo, pero gracias a la nueva Ley de Dependencia le llevaron a la unidad.

Su vida cambió radicalmente cuando ingresó en el centro de rehabilitación de ADCA. "Ha sido un autentico milagro", comenta Ángeles. "Fue lo mejor que nos podía pasar a los dos. Ahora mi hijo está más contento, sonríe más y le encanta ir a lo que él llama el colegio". Aunque no lo parezca, Juanjo es una persona divertida: desde que está allí lo cuenta todo, le encanta hablar.

En el centro no sólo pasa el tiempo sino que se rehabilita, se relaciona con personas con el mismo problema y con los terapeutas, con los que tiene una relación de igual a igual. "La conciencia de grupo es muy importante", aclara M. Ángeles, directora del centro. "Lo peor para ellos es el aislamiento que conlleva el estar en casa". En la unidad trabajan tres auxiliares, un psicólogo y un fisioterapeuta neurológico, que llevan la rehabilitación y el día a día de los pacientes. Las personas con daño cerebral adquirido o congénito son muy diferentes, existen muchos niveles, por eso es una discapacidad complicada, explica.

"Le encanta ir a la unidad, le hablan mucho y ahora habla mucho más, le gusta pertenecer al grupo y los caballos le vuelven loco", explica la madre de Juanjo. En el centro pasa la mayor parte del día: el servicio de transporte lo recoge a las 9 de la mañana. Eso sí, "la idea del centro no es la de un lugar para que pasen el día, sino un sitio en el que se rehabiliten y puedan integrarse en la sociedad. Nuestro objetivo es que lleguen, en la medida de lo posible, a un empleo protegido", explica Germán, director psicológico de ADCA.

Una semana en la vida de estas personas comienza con una sesión de hipoterapia: montan a caballo para mejorar su musculatura y equilibrio. Los miércoles toca hidroterapia en la piscina, con ejercicios que mejoran su psicomotricidad. Los jueves hay taller de cocina y el resto de días hacen diferentes ejercicios en el gimnasio terapéutico. "Buscamos integrar terapias novedosas y actividades diferentes, por eso ellos mismos son los que cuidan los árboles que tenemos". Una vía que los prepara para, poco a poco, regresar a la vida.

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