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Una sencilla cuestión de tamaño

El Betis de Pepe Mel, que ayer protagonizó un hermoso festival ofensivo ante el Getafe, depende de unos tipos con fama de bonachones que ni siquiera acarician el 1,80.

el 25 feb 2012 / 21:41 h.

Rubén Castro trata de obstaculizar al getafense Valera en un salto.

Los genios deciden partidos. En el fútbol del XXI, la altura no es una condición sine qua non para ejercer de héroe. El Betis de Pepe Mel, que ayer protagonizó un hermoso festival ofensivo ante el Getafe, depende de unos tipos con fama de bonachones que ni siquiera acarician el 1,80 -Jefferson, Beñat y Rubén-. Integran una especie que ha crecido con el transcurso de los años y al abrigo de los malabares de una generación dorada, la del Barça de Pep Guardiola. 

Con 30 puntos abrochados al equipaje y el respeto de la Liga de los secundarios, el conjunto de La Palmera se ha ganado a pulso el cartel de conjunto revelación. Propone un intercambio de golpes, asume su indefensión en los balones aéreos y asedia por convencimiento moral. Y con una serie de jinetes que ni anhelan el Apocalipsis ni pretenden asumir el disfraz del Cid Campeador. Están vivos y aprenden a sobrevivir con la naturalidad del principiante y la bisoñez del imberbe.

El Betis no empataba. Ni siquiera lo necesitaba. Sus encuentros son un puro combate de boxeo en el que el púgil de Heliópolis no especula con golpes intimidatorios. Sencillamente ataca con el convencimiento de su verdad, la de una sinfonía ofensiva que agrada hasta a los incrédulos. Ahora combina su temeraria apuesta con una solidez impropia de los candidatos al descenso a Segunda División, un infierno que quema desde la lejanía.

Paulao, acierto pleno de Vlada Stosic en el mercado invernal, es un jabato. Un central a la antigua usanza. Un zaguero más propio de los 80. Con el cuchillo entre los dientes y el pañuelo en el bolsillo, el brasileño ya es el líder de una zaga en la que Nelson y Nacho son dos perros de presa en el repliegue. Es la nueva forma de vida de este Betis andaluz y cuartelero que enamora a agnósticos y creyentes.

Mientras la masa social infinita sueña con Europa, el Betis de los obreros clava su mirada en los 45 puntos de la salvación, el paraíso en el que pensaban los miles de fieles que caminaban por La Palmera a finales de agosto.

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