Cultura

Una singular Turandot

Ópera en concierto: Turandot de Ferruccio Busoni. Teatro de la Maestranza. Fecha:  6 de febrero de 2010. Stephanie Friede, Robert Künzli, Jacek Janiszewski, Stephan Rügamer. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Dirección:Pedro Halffter

el 07 feb 2010 / 11:12 h.

Segunda cita operística de planteamiento singular en una semana. Si en Partenope asistíamos a la ilusión de una representación historicista, en esta ocasión pudimos disfrutar con una música extraordinariamente hermosa y sin embargo raramente divulgada. La singularidad del evento vino dada por el hecho de que a pesar de ofrecerse en concierto, la orquesta tocó desde el foso, y un telón al fondo se encargó de descubrir y ocultar, abriendo y cerrando cada acto, una pantalla sobre la que se proyectaban luces y colores, si bien no guardaban correspondencia directa con las inflexiones dramáticas de la pieza.

Primero suite sinfónica, más tarde música incidental para una producción del mítico Max Reinhardt a partir de la misma obra teatral de Carlo Gozzi que inspiró a Puccini; y finalmente ópera, que Busoni compuso para acompañar otra, Arlecchino. La función de anoche reveló una fantasía oriental de espectacular instrumentación y evidente riqueza armónica y melódica, que Halffter ofreció con su habitual tacto para los timbres y los matices. Especial mención merece el atinado trabajo de los metales y las maderas, fundamental para rendir un acabado digno de esta excepcional pieza. No obstante, hubiese sido preferible un poco más de fuelle en general, aunque no podemos negar que algunos pasajes resultaron realmente espectaculares.

La soprano norteamericana Stephanie Friede acusó molestos problemas vocales, traducidos incluso en toses. Tiene una voz engolada, pero posee un bello timbre y una desgarradora potencia dramática. Künzli lució su excepcional voz sin dificultades, con poderosos agudos y un timbre sedoso, pero su interpretación careció absolutamente de teatralidad. Rügamer no acertó a dar el toque bufo y sardónico que requiere su eunuco, algo que sí consiguieron Wolfgang Newerla como Tartaglia, y Fernando Latorre como Pantalone, personajes que justifican el carácter de comedia del arte que tiene esta ópera. La voz profunda de Jacek Janiszewski acusó dificultades en las notas bajas, y tirantez en los agudos, a los que llegaba con dificultad. El resto del elenco cumplió dignamente, incluida Aurora Amores en sus breves intervenciones, una en un insólito injerto de Greensleeves. El coro sin embargo manifestó algunos desequilibrios y desajustes, menos evidentes en las voces femeninas. Entradas a destiempo y falta de coordinación fueron algunos de los desatinos puntuales del conjunto dirigido por Julio Gergely. Pero a pesar de éste y los otros inconvenientes apuntados, el espectáculo resultó satisfactorio.

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