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Una solución para los refugiados saharauis

Los más de 650 niños saharauis acogidos por familias sevillanas este verano, dentro del programa Vacaciones en Paz, emprenden esta semana el regreso a los campos de refugiados de Argelia...

el 16 sep 2009 / 07:23 h.

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Los más de 650 niños saharauis acogidos por familias sevillanas este verano, dentro del programa Vacaciones en Paz, emprenden esta semana el regreso a los campos de refugiados de Argelia, ubicados en uno de los trozos de tierra más inhóspitos del planeta, donde sus familias malviven desde hace más de treinta años a la espera de una solución diplomática para la devolución de sus territorios origen. Estos dos meses de estancia de los niños han sido posibles gracias a una modélica organización de la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla y sus coordinadoras provinciales; pero, sobre todo, a la solidaridad de los sevillanos, que, pese a los tiempos de crisis, han hecho que se superen con creces todas las expectativas, hasta el punto de haber quedado muchos de ellos en lista de espera para ofrecer acogida a un niño el año próximo.

Los beneficios del programa Vacaciones en Paz, creado en los años 90 y desarrollado desde entonces de forma ininterrumpida hasta la fecha, van mucho más allá del mero divertimento de unos chiquillos condenados, en otras circunstancias, a la escasez y a las durísimas condiciones climatológicas que se soportan por estas fechas en sus campamentos del desierto argelino. A ello se le suman completas revisiones médicas, tratamientos, atención bucodental, solución a los problemas de malnutrición, ayuda material para sus familias y el establecimiento y consolidación de unos lazos de afecto y comprensión mutua que hacen esta experiencia inolvidable para los niños y para quienes los acogen en sus hogares. Es, en resumen, un breve paréntesis de humanidad, dentro de la incomprensible e intolerable situación del pueblo saharaui, que todavía hoy se ve obligado a sufrir las calamidades de su exilio permanente por una obvia falta de voluntad de las naciones implicadas -entre ellas, España- y por la más que evidente insolvencia de la ONU para resolver los verdaderos problemas del mundo.

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