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¿Una tumba real?

El equipo de arqueólogos españoles codirigido por el egiptólogo sevillano José Miguel Serrano halla en su última campaña en Luxor un sepulcro de la Dinastía XI.

el 21 jun 2014 / 23:00 h.

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La tumba cuenta con dos galerías de unos 20 metros formando un ángulo que conducen a la cámara funeraria. / El Correo La tumba cuenta con dos galerías de unos 20 metros formando un ángulo que conducen a la cámara funeraria. / El Correo La tabla del aprendiz de escriba –con el ejercicio de escritura y el texto original del maestro a copiar–, el ataúd de madera pintada de rojo de Iqer y, ahora, una posible tumba real de la Dinastía XI (hace 4.000 años) del Primer Periodo Intermedio, justo cuando tras la correspondiente guerra civil y la unificación del Alto y Bajo Egipto, Tebas (hoy Luxor) se convirtió en la capital del país del Nilo. El Proyecto Djehuty en el que un equipo de arqueólogos españoles del CSIC –liderado por el investigador del Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo José Manuel Galán y el profesor de Historia Antigua de la Universidad Hispalense José Miguel Serrano– lleva 13 años excavando en una antigua necrópolis faraónica de la colina de Dra Abu el-Naga (próximo al templo de la reina Hatshepsup) no para de dar frutos, algunos de ellos como los arriba mencionados merecedores de ser expuestos en el Museo de Luxor y otros, claves para los estudios de los distintos especialistas en el Antiguo Egipto. La campaña de este 2014 (cada año trabajan allí durante seis semanas entre enero y febrero) reveló «una sorpresa» en forma de un agujero en la pared de un pozo funerario que comunicaba con una tumba cuyas dimensiones y diseño arquitectónico podrían corresponder con los de una tumba real «o al menos de la alta nobleza», avanza José Miguel Serrano con la prudencia propia de los arqueólogos. Este año no han podido profundizar mucho más, ya que solo han podido acceder a la tumba desde este agujero. «No sabemos dónde está la puerta de entrada. La próxima campaña habrá que trabajar posiblemente excavando desde la superficie para encontrar el acceso desde el exterior aunque no sé si el año que viene lograremos localizarlo porque la tumba está a cinco o seis metros de profundidad», explica Serrano. Se han hallado restos de momias de la Dinastía XVII por su reutilización. / El Correo Se han hallado restos de momias de la Dinastía XVII por su reutilización. / El Correo Entrando a través del agujero que encontraron vieron dos galerías de unos 20 metros de largo formando un ángulo que conduce a la cámara funeraria. La tumba no tiene decoración porque en esa época las paredes de los enterramientos no eran pintados. Y está, «obviamente», dice Serrano huyendo de ilusiones a lo Howard Carter, saqueada. No obstante, el interior está repleto de momias y piezas de cerámica de ajuares, la mayoría de la Dinastía XVII, por lo que los investigadores creen que en esa época, un periodo convulso de continuos saqueos que los sacerdotes intentaron evitar reutilizando tumbas más antiguas, fue usada «posiblemente como tumba colectiva». Si bien «la historia de la tumba no termina ahí, el lugar debió de tener mucho trasiego ya que acabó siendo depósito de otros enterramientos no sabemos por qué». Tal acumulación de fragmentos de momias en un mismo espacio, «poco usual», supone todo un hallazgo para los expertos en anatomía patológica del equipo. En cuanto a los fragmentos de ajuar, las piezas más interesantes que han podido encontrar en un primer vistazo corresponden a «un pequeño escarabeo –el típico amuleto en forma de escarabajo– con el título de hijo del rey en el nombre». La entrada de esta tumba se encuentra en la zona que el equipo español del Proyecto Djehuty, patrocinado por Unión Fenosa Gas con la colaboración del Ministerio de Cultura –Serrano también bromea con el menor glamour de este tipo de mecenas frente a los Lord Carnarvon de antaño–, solicitó al Servicio de Antigüedades Egipcias ampliar al ver las potencialidades del espacio asignado, centrado en la tumba del personaje que da nombre al proyecto, Djehuty –tesorero de la reina Hatshepsup– y tras el patio de la cual hallaron la de otro insigne funcionario real, Hery. El permiso del Gobierno egipcio para ampliar la zona de excavación llegó en 2010 pero cuando en la campaña de 2011 comenzaron a explorar el terreno, las revueltas árabes ocurridas en el país les obligaron a regresar a España y aquella campaña fue perdida. En 2012 y 2013 el equipo se ha centrado en los trabajos preliminares, si bien dieron con un pozo funerario en el que apareció otro ataúd, llamado de Necken, también en bastante buen estado y llamativo por su gran tamaño, unos dos metros de largo. Con todo, Serrano sostiene que ha sido en la campaña de este año cuando han empezado a trabajar en lo que el arqueólogo llama «niveles buenos», aquellos a suficiente profundidad como para desenterrar tesoros ocultos. Mientras, el equipo puede presumir ya de tener «cinco o seis piezas» expuestas en el Museo de Luxor como la tabla del aprendiz, que «es un documento histórico», el sarcófago de Iqer y varias joyas del ajuar funerario de Djehuty. El ataúd de Necken aún espera su limpieza y restauración en los almacenes que el equipo tiene reservados en las instalaciones del Servicio de Antigüedades Egipcias, otra de las tareas que los arqueólogos prevén realizar la próxima campaña. Respecto a la consabida pregunta sobre el futuro de las investigaciones en un Egipto convulso, Serrano reconoció que este año han notado una importante mejora. «Hemos visto autobuses de turistas por primera vez en dos o tres años», relata. Y aunque analiza que el país en realidad ha vuelto de nuevo a un régimen dirigido por un militar, en parte por lo que considera un error estratégico de los Hermanos Musulmanes, también detecta en la población cierto alivio al ver estabilidad para su principal industria: el turismo. Los grandes perdedores, tiene claro, son los jóvenes intelectuales egipcios que dieron la cara.

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