Cultura

'Una vida no basta para llegar a ser un maestro del flamenco'

Me llamo Juan Valderrama. Ése es el título del cuarto tema de su nuevo disco, Sonidos blancos, y también la frase que mejor concentra su potente personalidad como artista

el 06 jul 2011 / 21:54 h.

El artista Juan Valderrama.

Me llamo Juan Valderrama. Ése es el título del cuarto tema de su nuevo disco, Sonidos blancos, y también la frase que mejor concentra su potente personalidad como artista andaluz, como flamenco y como heredero de un apellido muy grande que intenta llevar "con la mayor dignidad posible" pero "sin dejar de reivindicar su propia identidad".


-Usted es un artista joven... ¿Su apellido flamenco le ha condicionado a la hora de innovar y mezclar tradición y vanguardia?

-Yo siempre tengo la sombra de mi padre, una sombra además muy larga, y lo cierto es que no se me mide igual que a otros artistas. Es una comparación constante y noto que se me exige muchísimo, pero también está la parte positiva: el cariño tan grande que recibo.

-Además del nombre y apellido, de pila y artístico, ¿Qué ha heredado de Juan Valderrama?

-Mi padre me enseñó a cantar, hizo una escuela y creo que tengo una voz semejante a la suya en algunos registros. Pero creo que somos dos artistas diferentes, de épocas y mundos distintos.

-Si es verdad que la vida de un artista tiene diferentes edades, ¿Qué momento profesional vive usted actualmente?

-Yo noto que siempre estoy empezando, porque en este mundo no hay tiempo para hacer un alto en el camino. Los artistas tenemos que inventarnos todos los años, a diario. Llevo diez años en la música pero me parece que son diez minutos. Cuando te detienes, te das cuenta de que has hecho muchas cosas, pero, sinceramente, siento que me queda todo por hacer.

-¿Una década es poco para un artista?

-Ser artista tiene un componente de oficio y, cuando llevas diez años, vas dominándolo. Pero el cante flamenco y la música son infinitos. Tanto que una vida no basta para llegar a alcanzar la maestría. Ahora prefiero pensar que canto más despacio y con más gusto, que lo que escribo tiene más profundidad... Aunque probablemente diré lo mismo dentro diez años... [risas] Nunca dejas de aprender por larga que sea la vida.

-Lo importante es hacer siempre la música que uno quiere.

-Totalmente, aunque es complicado. Hacer lo que te gusta con libertad y no lo políticamente correcto, ni lo establecido, ni lo que esperan de ti, tiene un peaje de popularidad y de dificultad que después hay que pagar. Yo dejé una multinacional porque no quería seguir un camino y renuncié a privilegios. Me quedé solo y empecé de cero para poder hacer mi trabajo de manera más libre. No sé si compensa o no pero, en mi caso, tiene que ser así, no hay opción. Quizás sea mi asignatura pendiente pero, de momento, no sirvo para otra cosa y tampoco quiero aprender.

-¿Qué son para Juan Valderrama Sonidos blancos?

-En el flamenco siempre se habla de sonidos negros para referirse a la estética que habla de la tragedia, el tenebrismo, el expresionismo, las voces rajadas, actitudes todas ellas muy presentes en este arte. Pero existen también las voces o sonidos blancos, una etiqueta de invención propia que propone otra forma de entender el flamenco, más dulce y romántica.

-¿Cómo valora la discriminación hacia artistas no gitanos?

-El elemento racista es malo en cualquier rama del arte, y es verdad que en el flamenco ha estado muy presente. Pero, lo que está claro, es que el flamenco no es de los gitanos, porque los gitanos rumanos, franceses o rusos no lo cantan. Es un hecho histórico que es un arte ibérico y, sobre todo, andaluz. Es cierto que los gitanos lo interpretan de una manera especial, pero ni es su propiedad ni para ser flamenco hay que ser gitano.

-¿Qué supone artísticamente este quinto disco?

-Intento avanzar en el terreno autoral porque soy compositor y me gusta componer lo que canto. Al igual que ya lo hicieron figuras como mi padre o Morente, que son los espejos donde me miro.

-A Enrique le dedica unos tangos en este álbum...

-Sí, porque era un artista especial y una persona inteligente con una educación exquisita al que era imposible tratar sin querer. Cuando ocurrió todo cogí la guitarra y me salieron solos los tangos para él. Enrique nunca dejaba indiferente y estuvo rodeado siempre de polémica, pero para mí fue un visionario que supo entroncar muy bien la tradición y la modernidad. También incluyo, por ejemplo, tarantas antiguas que rescato de la herencia que tengo gracias a donde he nacido, para tratar de desempolvar joyas del flamenco.

-¿Cómo está viviendo la polémica en torno a la SGAE?

-Quiero pensar que habrá más humo que llamas, pero estoy alarmadísimo. Que a nadie se le olvide que los autores somos víctimas y, si nuestros propios gestores han hecho las cosas mal, seremos los primeros en pedir a la Justicia que rinda cuentas. Hay que ser prudente pero creo que los regímenes no deben perpetuarse.

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