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Una VPO en un pajar

Los agraciados guardaron su alegría ante el pesar de los 542 solicitantes.

el 06 sep 2011 / 19:42 h.

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“A ver si nos toca el chupa chups”, decía sonriente una mujer a sus amigas cuando le preguntaban por el sorteo de 18 VPO en alquiler con opción a compra que se celebraba en el auditorio de la Casa de la Juventud de Carmona. Fue de las pocas bromas de un sorteo que dejó más sinsabores que alegrías. No por el sorteo, que toda la villa esperaba con ilusión, sino porque a las viviendas, que están en uno de los puntos más elevados del municipio –la plazuela de Santiago– optaban ni más ni menos que 542 personas.

“Es tan complicado como que te toque el cupón”, relataba Francisco Romero. Su familia tenía tres participaciones y ni una tocó en suerte: de su hija Rocío, del novio de ésta y de su mujer Miguela Rodríguez, que por su discapacidad sufre un calvario para subir hasta la cuarta planta de su actual vivienda. Fue la tónica de un sorteo que antes de comenzar ya tenía alguna cara larga, mitad por nervios y mitad por el desencanto. “¿Dos para 200 personas? Lo mejor es que nos vayamos para casa”, indicaba, entre el murmullo del personal, uno de los aspirantes, que quiso poner la tirita antes de salir la herida.

El sorteo empezó con la mano inocente de los niños, que fueron elegidos al azar para depositar las papeletas en una caja de cartón. De ahí fueron extrayendo los números. Era vocear el número y en la pantalla salía el nombre del afortunado. Pero en el patio de butacas ni hubo un solo gesto ni grito de algarabía. Los agraciados contuvieron su alegría. Sólo hubo dos amagos de felicidad.

El primero fue fruto de un error de una mujer que, como si fuera el bingo, cantó que le había tocado el premio. Sí, tenía el número, pero era de otro sorteo, ya que las 18 VPO, de la Empresa Pública del Suelo de Andalucía (EPSA), se repartieron en cuatro cupos distintos. El segundo dio en el blanco: Antonio Chamorro vio como salía su papeleta –el número 207– y, en un acto reflejo, aplaudió para luego coger las de Villadiego.

A la salida, Natalia Pérez, de 19 años, consultaba la lista de los admitidos al sorteo con su hijo de dos años y medio al lado y la compañía de la hermana. “No me ha tocado y es una pena –el alquiler es de 200 a 300 euros al mes–, pero lo que me gustaría es que me saliera un trabajo para poder salir a flote”, afirmaba con resignación.  Dentro, todavía en el auditorio, el alcalde de Carmona, Juan Ávila (PP), se lamentaba: “Ojalá hubiera viviendas para todo el mundo, pero la crisis...”, admitía.

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