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Undiano y Caparrós amargan las Navidades al Betis

El equipo verdiblanco estuvo mal pero perdió por un penalti que se inventó el árbitro.

el 22 dic 2012 / 17:03 h.

Mario hace falta a Víctor fuera del área. No es penalti.
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El Betis y los béticos se comerán las uvas y saludarán a 2013 con la satisfacción que les reporta su quinto puesto en la Liga, pero al mismo tiempo vivirán una Navidad más amarga de lo que merece su situación por culpa de dos hombres. Uno es Joaquín Caparrós, enemigo número uno del mundo verdiblanco desde tiempos inmemoriales. El otro es Alberto Undiano Mallenco, otrora mejor árbitro del país y actualmente un alma en pena que sigue vagando por los campos de Primera con la complicidad de la Federación.

El primero perpetuó ayer su condición de gafe para el Betis, amén de portarse como un forofo cualquiera recordando al beticismo el 5-1 del derbi, y el segundo fue decisivo para que el primero tuviese éxito. El colegiado, entre otras genialidades, se inventó el penalti del 1-2 metiendo dentro del área una falta sin más de Mario a Víctor, además en contra de la opinión de su propio asistente, lo que implica alevosía. Y también perdonó la expulsión a Giovani cuando faltaban más de veinte minutos para el final (lo que agranda la alevosía y la mezcla con la cobardía), consintió todas las pérdidas de tiempo del Mallorca, sólo llamó la atención a Aouate por ese mismo motivo ¡en el minuto 93!, dio cuatro ridículos minutos de prolongación en un partido en el que el juego estuvo parado ¡50 minutos!... y así hasta desquiciar al Betis, a sus aficionados y a la lógica. Y entre Caparrós y su falta de respeto; el árbitro y su falta de capacidad; y el Betis, que también contribuyó al desmán general con su falta de puntería primero y su inocuidad después, Heliópolis dijo adiós a 2012 con una derrota que, eso sí, no tiene por qué empañar la magnífica Liga del conjunto de Pepe Mel.

Antes de que Undiano sucediese a Álvarez Izquierdo en la categoría de ladrón con silbato que elige el Betis como víctima, los verdiblancos pudieron y debieron haber goleado al Mallorca. Así se habrían ahorrado el disgusto, el coraje y por supuesto la derrota. Pero una de sus grandes virtudes, la efectividad ofensiva, se marchó de vacaciones antes de la cuenta. Las cogió en el minuto 5, después de que Beñat colocase el 1-0 con una falta directa que Aouate no atinó a despejar, seguramente despistado por la cantidad de jugadores que dejaron pasar o no alcanzaron el balón.

Fue el único desliz del portero israelí. A partir de ahí, los errores llevaron otras firmas. Para empezar, las de los jugadores del Betis, que una y otra vez echaron a perder ocasiones de gol: Campbell, solo ante el meta, chutó alto; Jorge Molina, también solo tras una contra fulgurante, ni siquiera llegó a rematar bien; Campbell cabeceó mal un centro de Rubén Castro; Beñat lanzó el esférico fuera tras la mejor combinación del día, con Rubén Pérez y Rubén Castro; y Cañas, por último, volvió a forzar a Aouate desde la frontal. A esas alturas, el partido ya estaba empatado merced a un notable cabezazo de Víctor en una mala faena defensiva de Nacho,

El sinfín de oportunidades, en honor a la verdad, no fue el fruto de un gran fútbol sino de cuatro o cinco chispazos, generalmente con intervención directa de Beñat. También ayudó el Mallorca, que fue una auténtica verbena defensiva con ese intragable 3-4-3 (o algo así) que perpetró Caparrós, más preocupado por saludar con la mano abierta a los béticos (¿qué pensará su jefe, Lorenzo Serra Ferrer?) que por frenar la sangría de llegadas a su área. Luego reconsideró su propuesta el exsevillista (¿ex?) y retornó al 4-2-3-1. El festín se había acabado sin el Betis lo hubiese aprovechado. Y eso fue culpa suya y de nadie más. Por déficit de puntería y por Mel, que tampoco hizo ningún bien a los suyos alejando a Beñat de la organización, diseñando un doble pivote con poca o nula capacidad de creación y exiliando a su pichichi a la izquierda.

La segunda parte se resume con facilidad: Undiano se inventó un penalti a los 40 segundos, Javi Márquez lo transformó en el 1-2 y se fue a provocar a la grada, el Betis se desquició (normal en un equipo cuya máxima pena es no haber tenido ni una pena máxima a favor en los últimos quince meses) y el partido se fue muriendo con la complicidad de Undiano sin que Beñat fuese suficiente para reanimarlo. Su equipo se topó con una muralla y no supo cómo escalarla, así que el Mallorca, tras once jornadas sin ganar, generó media ocasión y se quedó todos los puntos. Pero que no cunda más desánimo del razonable en los béticos: los suyos son quintos. Feliz Navidad.

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