Economía

Unicaja, Caja de Jaén y Cajasur crearían la quinta caja española

Unicaja es la sexta caja de ahorros española en los principales parámetros del negocio. La fusión con Caja de Jaén y Cajasur colocaría a la nueva entidad en la quinta posición del ranking nacional, según las cuentas a cierre de 2008. Eso sí, habría lastres: la morosidad, el ladrillo, la reducida eficiencia y la falta de liquidez de la cordobesa.

el 16 sep 2009 / 05:54 h.

Unicaja es la sexta caja de ahorros española en los principales parámetros del negocio. La fusión con Caja de Jaén y Cajasur colocaría a la nueva entidad en la quinta posición del ranking nacional, según las cuentas a cierre de 2008. Eso sí, habría lastres: la morosidad, el ladrillo, la reducida eficiencia y la falta de liquidez de la cordobesa.

Tras el acuerdo de fusión anunciado por Unicaja y Caja de Jaén, todas las miradas apuntan a la posibilidad de que Cajasur se una a esta operación estratégica para las finanzas andaluzas. Esta gran caja, que dejaría, o al menos en principio, tres piezas sobre el tablero regional -la citada más Cajasol y Caja Granada-, ganaría en fortaleza y capacidad para afrontar inversiones, y en el ranking nacional del sector avanzaría un puesto respecto al sexto que, por sí sola, ya ocupa la entidad malagueña presidida por Braulio Medel.

De esta unión a tres surgiría una caja de ahorros que, en los principales parámetros financieros, sería quinta, por detrás de La Caixa, Caja Madrid, Bancaja y Caja del Mediterráneo. Con los datos ya auditados del cierre de 2008, su volumen de activos sumaría 53.173,13 millones de euros, siendo de 326,83 millones el beneficio neto agregado (en este último caso, sería la sexta, al superarla la BBK).

El volumen de negocio (o créditos más depósitos) ascendería a 78.526,3 millones de euros, que equivalen a 2,3 veces todo el Presupuesto de Andalucía para 2009. Y de éstos, 39.155,27 millones corresponderían a los préstamos otorgados, mientras que 39.371,01 millones son depósitos de la clientela. Es decir, en las cuentas de los clientes habrá más dinero (aunque poco) que fuera de ellas en forma de crédito concedidos.

Para calibrar su resistencia financiera, cabría hablar de sus recursos propios (o capital más reservas), que arrojarían un valor de 3.574,44 millones, el cuarto mayor volumen entre todas las cajas españolas, siendo su colchón financiero anticrisis -es decir, frente a eventuales riesgos tras el aumento de la morosidad crediticia y los impagos- de 392,05 millones.

Mientras, la cartera empresarial de esa gran caja de ahorros registraría un valor contable (en libros, inferior siempre al de mercado) de 2.062,15 millones de euros. Entre las compañías más importantes con presencia de la nueva entidad financiera están Iberdrola, SOS, Abertis, Agua y Gestión, Alestis, Banco Popular, Aquagest o Grupo Hoteles Playa.

La entidad aún nonata, asimismo, alteraría la composición actual del banco de las cajas andaluzas (el BEF), pues alcanzaría la mayoría del capital, el 50,5% (33% de Unicaja, 16,50% de Cajasur y el 1% de Caja Jaén), frente al 33% de Cajasol y el 16,5% que ostenta actualmente Caja Granada.

1.456 oficinas compondrían la red comercial conjunta, de las que 1.281 estarían en Andalucía, siendo Castilla-La Mancha la segunda comunidad en importancia (83), y tras ella la madrileña (38), Extremadura (18), Cataluña (13), Murcia (9), la valenciana (8) y las ciudades autónomas de Melilla (4) y de Ceuta (2).

La plantilla media, y también con datos a 31 de diciembre pasado, estaría conformada por 7.988 personas, siendo una de las mayores empresas con sede social en Andalucía en número de trabajadores -para hacerse una idea, la multinacional sevillana Abengoa tenía en todo el mundo 23.234 al acabar el ejercicio 2008-.

Hasta aquí, lo bueno. Sin embargo, la entidad que surgiera de la fusión de Unicaja, Caja de Jaén y Cajasur debería arrastrar tres lastres procedentes de la cordobesa. En primer lugar, el índice de morosidad, que, a cierre del pasado marzo y con el 7,91% (de cada cien euros en créditos, casi seis y medio se dan por perdidos o serán muy difíciles de recuperar), era la más elevada de todas las finanzas españolas. En segundo lugar, una cartera empresarial sujeta en exceso al ladrillo (el 53,73%, según admite). Por último, su reducida ratio de eficiencia, es decir, cuantos céntimos se gasta por cada euros que ingresa, y que exigirá recortes de plantilla y oficinas. Y todo ello sin contar con sus admitidos problemas de liquidez, que a duras penas trata de solventar con diversas emisiones de deuda.

  • 1