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Cultura

"Unos cuelgan fotos de su niñez haciendo el ganso y yo reedito mis libros"

El sello Páginas de Espuma reedita los dos primeros libros de relatos de Fernando Iwasaki

el 15 abr 2012 / 21:16 h.

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A punto de salir de viaje a China y Japón, Fernando Iwasaki (Lima, 1961) habla de su último título, Papel carbón, que paradójicamente supone el rescate de sus dos primeros libros de cuentos -Tres noches de corbata (1987) y A Troya, Helena (1993)- en un solo volumen bajo el cuidado de Páginas de Espuma. "Es como esas remasterizaciones que hacen los grupos de sus primeras maquetas", dice este beatlemaníaco irredento. "Ahora la gente cuelga en facebook las fotos de su niñez haciendo el ganso. Yo, como no tengo facebook, lo hago reeditando mis libros".

Papel carbón, título que sugiere el modo en que los textos eran copiados a máquina, nos remite al Iwasaki que vivía en Lima como al que escribía en Sevilla sin saber que se quedaría a vivir en esta ciudad. El hecho de enfrentarse a su propia escritura tantos años después -hablamos de narraciones escritas entre los 22 y los 32 años- no le ha provocado, como se ve, ningún vértigo. "Me he limitado a cambiar solo un nombre de personaje, para no comprometer a alguien que hoy será padre de familia", dice con una sonrisa socarrona.

"Enfrentarme a estos textos es como leer a cualquier otro que saca su primer libro. No te puedes dar consejos a ti mismo, pero lees con ese aire. Se notan las deudas con otros autores y libros, y probablemente querías que así fuera, hacer valer tu linaje literario, mencionar en voz alta tus antepasados, como hacen los guerreros de la Ilíada", y añade a renglón seguido: "Los hijos no reconocidos son siempre los que más se parecen a los padres".

Entre las deudas más evidentes -y, por otro lado, nunca escondidas- del autor se encuentran las contraídas con Borges, Cortázar, Lovecraft, Edgar Allan Poe, Mircea Eliade y su ilustre paisano, el limeño Julio Ramón Ribeyro.

Pero también reconoce Iwasaki la influencia que recibió de los grandes escritores inspirados en el mundo de los toros, como Bergamín, Chaves Nogales o el recordado crítico Joaquín Vidal, que le ayudó a encontrar el tono de varios relatos taurinos. "Escribí los primeros antes de venir a España, cuando todavía estaba en Lima, y allí los toros eran una cosa que sucedía sólo durante 15 días, en octubre. Había alrededor de la fiesta una gran novelería, ibas a la plaza como una ocasión especial... Aquí descubrí que se viven de un modo muy diferente. En todo caso, no me considero aficionado, pero sí me gusta leer sobre toros. Las crónicas de Vidal fueron más decisivas que mi esporádica presencia en la plaza".  

No sólo aparecen toros en estas páginas. De hecho, en ellas es posible ir reconociendo no sólo el germen del personal estilo de Iwasaki, sino también sus predilecciones temáticas. "En aquella época me interesaba que los libros tuvieran variedad", asegura. "Mezclaba relatos taurinos con otros de terror, policiacos, eróticos, de reelaboración de la infancia... Y de ahí seguramente acabó saliendo la idea de hacer libros alrededor de un solo tema, como Inquisiciones peruanas, Ajuar funerario o Helarte de amar. Al final, creo que lo que une a todos es el trabajo sobre el lenguaje, que éste sea tan importante como la trama", asevera.  

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