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Unos por otros, la casa sin barrer

En estos últimos tiempos, y en buena parte debido a la repercusión informativa, y a la alarma social creada por el hecho de que el presunto homicida de la pequeña Mari Luz era un pederasta en libertad a pesar de estar condenado en firme, el funcionamiento de nuestro sistema judicial está en entredicho.

el 15 sep 2009 / 02:44 h.

En estos últimos tiempos, y en buena parte debido a la repercusión informativa, y a la alarma social creada por el hecho de que el presunto homicida de la pequeña Mari Luz era un pederasta en libertad a pesar de estar condenado en firme, el funcionamiento de nuestro sistema judicial está en entredicho. Porque no sólo es este caso ya que, también tenemos a la jueza de Motril, ahora es ella la juzgada, que mantuvo en prisión durante 437 días a una persona que ella misma había absuelto. Haciendo una simplificación, con poca gracia, porque ninguno de estos casos la tiene, podríamos llegar a la conclusión de que padecemos una justicia que deja en libertad a los culpables y mantiene en la cárcel a los inocentes.

Todos sabemos que esto no es así, pero lo que sí se está poniendo de relieve es que el sistema está fallando. Y lo dicen los propios responsables que, en su descargo, hablan del exceso de trabajo, de la falta de conexión e información entre los juzgados y entre éstos y las autoridades policiales y penitenciarias, de la escasez de medios humanos, económicos y técnicos, y también de las lagunas de unos sistemas de inspección a los que se les pasan las más gordas, mientras que se recrean en los detalles.

Bueno, todo esto son excusas, aunque tengan un fondo de razón. Para lo que no hay justificación, otra cosa es que cada cual lo quiera explicar como quiera y pueda, es para las trágicas consecuencias de este cúmulo de despropósitos. Es decir, que se haya producido una muerte, que hubiera podido evitarse si el presunto homicida hubiese estado donde debía, o sea, en la cárcel. O que una persona, declarada inocente, se pase más de un año encerrado porque a alguien, a la jueza o a los funcionarios, se les pasó el pequeño detalle de mandar a la prisión el mandamiento de puesta en libertad.

Todo ello, unido a los considerables retrasos, que se producen en la mayoría de los procedimientos -ahora agravados y aireados por la huelga de funcionarios de Justicia- hace que crezcan las desconfianzas hacia el funcionamiento de la maquinaria judicial que tiene nada más y nada menos que garantizar el libre ejercicio de los derechos de los ciudadanos. Lo que muchos se preguntan es de quién se pueden fiar si falla la confianza en ese último recurso que es el sistema judicial.

Cierto es que la inmensa mayoría de nuestros jueces y fiscales son personas vocacionales, honradas y que hacen un trabajo, casi siempre, callado y eficaz, supliendo a base de voluntad y dedicación, la escasez de recursos humanos y materiales. También ellos son víctimas de los fallos del sistema, porque cuando ocurren cosas como las que estamos comentando, su labor y su prestigio quedan en entredicho. De ahí, la necesidad de que las múltiples carencias que ahora están en boca de todos, no se queden en el olvido cuando el tiempo pase y el interés informativo ponga sus focos sobre otros asuntos. Lo que no podemos consentir es que, como hasta ahora, unos por otros, la casa sin barrer.

Periodista

juan.ojeda@hotmail.es

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