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Uralita: 14 años después, un palmeral con piscinas y pádel

En Jardines de Hércules, el barrio que emergió en los suelos de la fábrica, aún se recela del amianto. El promotor que se hizo con los terrenos recalificados, y que cuentan que inmortalizó su rostro en la talla de Hércules que preside la urbanización, tuvo que parar las obras de los pisos para limpiar el suelo de amianto

el 09 jun 2013 / 23:57 h.

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Última fase de Jardines de Hércules. Última fase de Jardines de Hércules. Han pasado 14 años desde que la fábrica de Uralita de Sevilla, situada a las puertas del antiguo barrio de la Salud, hoy conocido como Bellavista, cerró sus puertas abandonando un terreno de más de 230.000 metros cuadrados. Sobre aquellos suelos antaño industriales floreció a principios de la pasada década el residencia Jardines de Hércules, una de las primeras y más llamativas operaciones urbanísticas que inauguraron la España del pelotazo. Una macroconstrucción que incluía un palmeral de 40.000 metros cuadrados, un complejo de torres cilíndricas –idénticas entre sí– repartidas en cuatro fases –la última se acabó en 2010–, piscinas, pistas de pádel, comercios de todo tipo, huertos populares desde hace unos años, cuatro bloques de VPO, zonas infantiles... Cerca de 15.000 vecinos habitan este nuevo núcleo, fruto de la época del boom del ladrillo que aquí, pese a la crisis, sigue dando señales de fortaleza. Desde 2010 no han dejado de venderse los pisos de la última fase disponible, en mano de una promotora y de los bancos, eso sí, mucho más baratos que años atrás. En Jardines de Hércules todos conocen el pasado de Uralita y se sigue mirando de reojo la historia del amianto, un fantasma que pese a las garantías que se dieron en su día, sigue despertando recelos. “Dijeron que limpiaron los terrenos. De hecho, tras detectar restos, tuvieron que parar las obras de la primera fase dos años para rebajar el terreno. Sacaron de aquí camiones cargados de la tierra más superficial e hicieron estudios que garantizaban que ya no había peligro, pero también hay quien no se fía de los informes que se hicieron certificando que todo estaba bien. Aquí se movió mucho dinero”, comenta un grupo de veteranos vecinos, que prefieren no desvelar su identidad, y que además conocieron de cerca la actividad de la antigua fábrica y la venta de sus suelos. La recalificación de estos terrenos dio mucho que hablar a finales de los noventa. Uralita vendió aquella parcela a unos compradores que posteriormente –una vez recalificados por el Ayuntamiento– se los colocaron a un precio mucho mayor a Arenal 2000, la promotora del empresario cordobés Rafael Gómez, conocido como Sandokán, implicado en varias investigaciones por corrupción. Los primeros compradores se hicieron con unos terrenos que no permitían los usos residenciales, si bien los cambios urbanísticos aplicados al PGOU en 2001, impulsados por la Gerencia de Urbanismo –entonces en manos del PA–, propició el proyecto de Jardines de Hércules, que incluía inicialmente 1.530 viviendas en 160.000 metros cuadrados, así como 23.400 de suelo terciario y 124.000 de suelo públicos destinados a espacios libres, uso escolar, deportivo y de servicios. Esto revalorizó el suelo, aunque Uralita no llegó a beneficiarse plenamente de aquella operación. Sevilla 16/5/00. Desmontaje de Fabrica URALITA (Bellavista) ©SpinolaLa idea original de Sandokán era mucho más ambiciosa de la que finalmente se llevó a cabo, según recuerda uno de los primeros vecinos que compró un piso sobre plano, con torres mucho más elevadas, grandes lagos y pasadizos bajo los jardines para conectar unos edificios con otros. Un sueño megalómano que se vio recortado por Urbanismo pero que aún hoy es apreciable en este barrio, que toma de la mitología griega los nombres de sus calles. De hecho, en el centro del inmenso palmeral, en el corazón de Jardines de Hércules, hay una fuente en la que se erige una enorme escultura sobre dos columnas que reproduce al hijo de Zeus junto a dos leones. “Si te fijas, la cara de Hércules es la de Sandokán, ahí en lo alto, contemplando su obra”, comenta este vecino, que no teme por el amianto. “Llevo aquí más de diez años y no ha pasado nada. Incluso los terrenos de los solares vacíos también se limpiaron. Lo malo se lo llevaron los trabajadores de Uralita y los vecinos de la fábrica, que también desarrollaron enfermedades. Les deseo suerte”.

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