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Vacuna, la panacea bajo sospecha

El brote de sarampión en Granada reabre el debate entre dos praxis médicas

el 29 nov 2010 / 20:07 h.

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Hoy acaba el plazo para vacunar del sarampión a los niños granadinos

La medicina, como toda ciencia, avanza a base de refutar teorías de forma que se impone un tratamiento cuando se ha demostrado la relación causa-efecto y constatado empíricamente su incidencia en el alivio o cura de una enfermedad.


Pero sólo es válido mientras no surja otro que, siguiendo el mismo método científico, lo refute o supere. El brote de sarampión en un colegio de Granada ha sacado a la luz la confrontación, nada nueva en medicina, entre dos praxis, en este caso a favor o en contra de las vacunas, ambas sustentadas en argumentos científicos.


En el colegio granadino, los padres de 35 niños se negaron a vacunar a sus hijos y la Junta llevó el caso al juez, que impuso la vacunación al primar el derecho a la salud pública. Hoy expira el plazo dado por Salud a los padres de los niños no vacunados. Hasta ayer, 20 ya habían acreditado su inmunización, unos por haber cedido a vacunarse y otros por haber pasado ya la enfermedad.


En occidente, tanto en la formación académica de los futuros doctores como en la práctica asistencial domina la llamada medicina alopática, que ve la enfermedad como un fallo en alguno de los mecanismos del cuerpo y repara o suple esos fallos con agentes externos. Ante enfermedades de origen vírico, sin cura (sólo se tratan los síntomas) y contagiosas como el sarampión, defiende la prevención, inmunizando al ser humano mediante la inoculación de una dosis controlada del virus que permita al propio cuerpo generar una resistencia al mismo. Los vacunalistas inciden en que antes de legalizar una vacuna, se demuestra empíricamente su efectividad y se estudian sus efectos secundarios. En casos como el sarampión, consideran éstos mínimos frente a las complicaciones que puede acarrear la enfermedad.


Frente a este modelo, existe una medicina alternativa, la homeopática, que defiende la capacidad autocurativa del cuerpo actuando sobre todos los elementos del entorno que inciden en él (desde la alimentación al medio en el que se desenvuelve), el uso de las causas de la enfermedad como parte de la solución y, sobre todo, aboga por tratamientos personalizados para cada paciente frente a soluciones generalizadas. Por ello, sobre las vacunas, cuestiona que se apliquen las mismas dosis a todos los niños, y la mayoría antes de los 5 años, cuando el sistema inmunológico aún no está formado. Además, hace hincapié en los efectos secundarios, como la mayor incidencia de eccemas y asma infantiles, que se han incrementado un 100% en una década, en los niños vacunados.


Los vacunalistas esgrimen estadísticas que revelan un descenso progresivo de casos a raíz de las campañas de vacunación masivas. En España, la del sarampión se implantó en 1986 y en sólo un año se pasó de 220.096 casos a 35.146. En 2009 hubo 44 casos pero no todos los años ha habido descensos pese a aplicarse el mismo calendario. Los anti vacunas arguyen que muchas enfermedades incluidas en éste ya estaban en retroceso y dudan de que las vacunas tenga más que ver en ello que la mejora de las condiciones de vida.

Apuntan a los intereses económicos de la industria farmacéutica, sobre la que siempre planea una sombra de sospecha que el año pasado saltó a la palestra con la gripe A. Hoy impera un modelo pero en medicina, como en toda ciencia, no hay dogmas sino teorías válidas hasta que surjan otras. He aquí dos testimonios de estas dos prácticas médicas:

Doctora María Fuentes, miembro de la Liga para la libertad de vacunación:

«Es el modo de vida el que determina el 85% de la salud»

Licenciada en Medicina y especializada en Homeopatía, dirige el centro de salud Artemisa de Arcos (Cádiz). Es miembro fundadora de la Liga para la libertad de vacunación, un movimiento europeo, promovido por padres y sanitarios, con 25 años de implantación en España que "no es anti vacunas sino que defiende el derecho a elegir, como ante cualquier tratamiento". En España la vacunación es voluntaria pero "se hace creer que es obligatoria y los profesionales informan como si lo fuera". Por ello, ve en la decisión del juez en Granada una "vulneración de los derechos civiles más elementales".


Critica que no se expliquen bien los efectos secundarios e insta a no demonizar a quienes no vacunan a sus hijos "como no se demoniza a quien no da el pecho, y eso sí que incide en el sistema inmune". Frente a la idea de que esta opción es propia de padres jóvenes de movimientos alternativos o ultrareligiosos, asegura que "suele ser gente preparada, muchos profesionales del ámbito sanitario".


Considera un gran error simplificar hasta hacer depender la salud de las vacunas cuando "el 85% está relacionado con el modo de vida, y sin embargo, sólo el 5% del presupuesto sanitario se invierte en prevención y un 60% es gasto farmacéutico", tras lo cual ve intereses económicos.


Cuestiona las estadísticas que vinculan el descenso de casos a las vacunaciones sin tener en cuenta otros factores; esgrime estudios de niños no vacunados que no enferman más; y discrepa de un calendario que impone las mismas dosis a todos independientemente de sus características. Pero reconoce que invertir las tornas es complejo porque supone "concienciar de que en la salud influye infinitamente más el modo de vida que cualquier vacuna" y cambiar desde los hábitos alimenticios hasta la temprana escolarización o la vida laboral para compatibilizarla con la dedicación, cuantitativa y cualitativa, que exige la crianza del niño. Eso sí, recuerda que en medicina las cosas cambian y prueba de ello es que "hoy todos defienden el parto natural" o la Homeopatía empieza a estudiarse en las Facultades de Medicina (en España, sólo en Zaragoza).  

Doctor Fermín García, Coordinador de la Comisión asesora de vacunas

«Los métodos alternativos no han probado aún su eficacia» 

Médico pediatra, forma parte de la Comisión asesora de vacunas de la Junta de Andalucía y del comité de la Asociación española de Vacunología. Reconoce que las condiciones de vida inciden en la gravedad que alcanza una enfermedad en la población pero defiende que los datos demuestran que el descenso de casos hasta la práctica desaparición de algunas patologías está directamente relacionado con el inicio de las vacunaciones masivas. "Una cosa no quita la otra, porque además, por el precio de una vacuna no se puede garantizar a nadie un techo y tres comidas al día", subraya.

Recuerda que la ciencia médica considera la higiene como la primera condición de la salud pública pero la segunda es la vacunación masiva y si los anti vacunas defienden la experiencia de los países nórdicos sin estas campañas pero con un sistema de bienestar que favorece la prolongación de la lactancia materna o la conciliación de la vida laboral con el cuidado de los hijos, el doctor García señala que en países como Holanda, Estados Unidos, Alemania o Inglaterra comenzaron a eliminar las vacunaciones y volvieron a aumentar los casos y las muertes. Ante todo, incide en que las vacunas pasan controles "muy estrictos" nacionales e internacionales antes de salir al mercado y, aunque "siempre pueden producir reacción como cualquier medicamento", los efectos secundarios graves "son mínimos".

En cambio, huye de relativizar las complicaciones de enfermedades como el sarampión, que no se consideran graves, porque "en el mundo occidental, en uno de cada mil casos degenera en encefalitis". "Yo no estoy a favor de la vacunación sino de la salud. Si me demuestran científicamente, con datos, que hay otros medios naturales que curan más y además más barato, yo encantado, pero de momento no está demostrado y para que una vacuna esté reglamentada se han hecho miles de pruebas", arguye. Defiende la intervención judicial en Granada porque la vacunación impide la circulación del virus, de forma que los vacunados "ni pasan la enfermedad ni la transmiten. El riesgo existe sólo para los no vacunados".

 

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