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Vagos y cautivos

Quién nos lo iba a decir?!! Muchos lectores recordarán todavía las lindezas que andaluces y extremeños tuvimos que escuchar de boca de quienes pensaban que España se dividía en dos: los que trabajaban y los que vagueaban; los que cotizaban a Hacienda y los que vivían a costa de la cotización de los demás.

el 16 sep 2009 / 08:12 h.

Quién nos lo iba a decir?!! Muchos lectores recordarán todavía las lindezas que andaluces y extremeños tuvimos que escuchar de boca de quienes pensaban que España se dividía en dos: los que trabajaban y los que vagueaban; los que cotizaban a Hacienda y los que vivían a costa de la cotización de los demás.

Fue en los años ochenta, cuando los gobiernos de la recién estrenada democracia impulsaron medidas tendentes a mitigar el tremendo desempleo estructural que existía en las nuevas Comunidades Autónomas de Andalucía y Extremadura. La historia del Siglo XX acreditaba que ambos territorios habían sido especialmente olvidadas por los gobiernos centrales de la dictadura franquista; sólo se pensaba en los habitantes andaluces y extremeños para que abastecieran de mano de obra a otros territorios con los que el régimen se volcaba de una manera significativa.

Recién iniciada la autonomía extremeña, por ejemplo, una de las medidas que tuvimos que tomar fue controlar los autobuses piratas que, al principio de los años ochenta, seguían saliendo las madrugadas de los viernes de cada semana con emigrantes que buscaban el amparo de un puesto de trabajo que el campo andaluz y extremeño les negaba. Y detrás de los hombres se iban sus familias, una vez que los primeros encontraban un puesto de trabajo más o menos estable.

Y así comenzaba un círculo vicioso que desangró a nuestras tierras, generando un déficit humano mucho más sangrante que cualquier déficit fiscal de los que tanto se ha hablado en el invierno pasado. Detrás de la gente, se iba el dinero que se ahorraba en muchos territorios dejados de la mano de Dios y de las autoridades. Ahora que tanto se habla de la politización de la Cajas de Ahorros, no viene mal recordar que en la dictadura de Franco existió lo que se denominó el Coeficiente de Inversión Obligatoria, por el que las Cajas de Ahorro de la época tenían que dedicar parte de los recursos obtenidos de los ahorradores, en obras y servicios que el Gobierno señalaba como prioritarios y obligatorios y a un interés irrisorio para lo que en aquel tiempo significaba el precio del dinero.

Sería muy ilustrativo que el Banco de España pudiera facilitar las cifras de las inversiones que se hicieron desde los años sesenta a los ochenta mediante este procedimiento y a cuanto ascendió la cantidad que las Cajas de Ahorro tuvieron que destinar a la construcción de autovías o de fábricas, y a qué tipo de interés. Cuanto más gente salía de Andalucía, de Extremadura, de las dos Castillas o de Galicia, más necesidades había en los territorios de recepción de esa mano de ob

ra de construcción de viviendas; de colegios, de hospitales, de carreteras, de infraestructuras, de tal forma que el dinero de todos los españoles siempre iba a parar al mismo sitio y siempre dejaba de llegar a los pueblos de origen de la mano de obra ambulante. Y así un año y otro año? Y el paro en esos territorios aumentando de una manera escandalosa y humillante, ya que la agricultura se mostraba incapaz de absorber los excedentes que no dieron el paso de salir de sus pueblos y ciudades.

Adolfo Suárez, primero, con Empleo Comunitario y Felipe González, después, con el Plan de Empleo Rural, intentaron remediar lo que se consideró una injusticia histórica, en unos momentos donde en la España industrializada se inició lo que se conoció como "la Reconversión Industrial", que gozó de suculentas prejubilaciones para los trabajadores excedentes industriales, mientras que el campo andaluz y extremeño siguieron el mismo proceso de reconversión agraria, a pelo, y sin ningún tipo de plan o de medidas gubernamentales que se hicieran cargo de los trabajadores excedentarios en la agricultura.

Sólo el Subsidio Agrario, que no daba para mantener a una sola persona (mucho menos a una familia), permitió que los jornaleros del campo pudieran ir ejerciendo una pequeña actividad laboral en los pueblos, durante los meses en los que la agricultura se encontraba sin actividad, gracias a los fondos para obras que, con cuenta gotas, llegaban a los pueblos andaluces y extremeños.

"Voto cautivo", "voto inculto", "voto ignorante", "voto comprado", fueron algunos de los calificativos que se expresaban cuando terminaba cualquier proceso electoral. ¡Y? miren por dónde!, el Congreso de los Diputados aprobó, el pasado noviembre, un Real Decreto Ley por el que se creó un Fondo Estatal de Inversión Local dotado con 8.000 millones de euros para la realización de Actuaciones Urgentes en materia de inversiones especialmente generadoras de empleo.

Cuando el paro en España se ha situado en niveles del 17%, la mitad de lo que tenía Andalucía y Extremadura en los años ochenta, el Gobierno ha salido en ayuda de los desempleados con el "Plan E" que, con propiedad, puede denominarse "El plan PER nacional". Las regiones más desarrolladas y con municipios más poblados, se han llevado la parte del león, sin que la prensa, los políticos, o los liberales acérrimos hayan dicho esta boca es mía.

He dicho bien cuando hablo del "PER nacional"; lo hago a propósito, para que sus dirigentes, su prensa y sus ciudadanos sientan la misma sensación con la que hemos tenido que convivir los gobernantes, la población y los jornaleros del campo cuando despectivamente se dirigían a nosotros con el despectivo "?esos del PER?". Esos del PER están hoy, en mayor proporción, en la industriosa Cataluña y en el Madrid capitalino. ¿Voto cautivo? ¿Voto ignorante?

jcribarra@oficinaex.es

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