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Valverde empieza muy fuerte

El español Alejandro Valverde, del Caisse D'Epargne, estrenó el maillot amarillo del Tour de Francia al imponerse con autoridad en la primera etapa, disputada entre Brest y Plumelec, de 197,5 kilómetros, por delante del belga Philippe Gilbert y del francés Jerome Pineau. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 07:27 h.

El español Alejandro Valverde, del Caisse D'Epargne, estrenó el maillot amarillo del Tour de Francia al imponerse con autoridad en la primera etapa, disputada entre Brest y Plumelec, de 197,5 kilómetros, por delante del belga Philippe Gilbert y del francés Jerome Pineau.

El campeón de España se exhibió ante sus grandes rivales en una llegada a su medida, con un repecho final de 1,7 kilómetros al 6,3% de pendiente que rompió el grupo principal en mil pedazos. Confirmó su excelente estado de forma y su condición de favorito con una victoria clara, plena de clase y autoridad.

Valverde llegó con unos metros de ventaja a la meta tras una espectacular aceleración de 400 metros que le permitió remontar al luxemburgués Kirchen, el último que se atrevió a intentar llegar en solitario. El murciano marcó un tiempo de 4h.36.07 y los jueces le dieron un segundo respecto a Gilbert, Pineau, Kirchem y sus más directos rivales, es decir, Riccardo Riccó (Saunier), Cadel Evans (Silence), Franck Schleck (CSC), Carlos Sastre (CSC) y Denis Menchov (Rabobank).

Se metieron entre los diez primeros los españoles Óscar Freire (Rabobank), noveno, y Óscar Pereiro (Caisse D'Epargne), ambos muy atentos cuando se desató la tormenta.

Un golpe de autoridad de Valverde, quien a sus 28 años firmó su segunda victoria en el Tour, tras la de 2005 ante Armstrong en Courchevel. El vencedor de la Dauphiné y de la Lieja-Bastoña-Lieja afrontará ahora la primera semana con la tranquilidad de haber dado un triunfo a su equipo, que trabajó a destajo. Mantener el jersey amarillo será una empresa que no entra en los cálculos del doble subcampeón mundial, quien tiene su Tour en la última semana.

La etapa cumplió el deseo de la organización de dar espectáculo desde el inicio, evitando las tediosas escapadas con final en sprint masivo. Una pequeña cota al final permitió ver a los grandes espadas medir sus fuerzas.

Pero hubo escapada, cómo no. Y la primera de la edición 2008 tuvo tres españoles: David de la Fuente (Saunier), el premio de la combatividad de 2006; Rubén Pérez (Euskaltel); y el veterano Jose Luis Arrieta (Ag2r), que se pegaron a la rueda del francés Jegou en la primera aceleración apenas tomada la salida en Brest.

A la excursión se unieron los franceses Lequatre (Ag2r), Voeckler (Bouygues) y Augé (Cofidis) y el alemán Schroder (Milram). El grupo de ocho corredores sumaron fuerzas para distanciar a un pelotón en el que ningún equipo se decidía a controlar la situación tan temprano.

Un ritmo elevado. En la Cota de TyJopic (km 29) el retraso del grupo era de más de 8 minutos. Un ritmo elevado, con las fuerzas aún intactas, que permitió cubrir 43 kilómetros en la primera hora de carrera. Enseguida algunos equipos empezaron a mostrar sus intenciones. El Caisse D'Epargne de Valverde, el Credit Agricole de Hushovd y el Rabobank de Freire se turnaron en cabeza de pelotón hasta estabilizar el retraso en torno a los 4 minutos. La etapa inaugural prometía un final muy goloso.

El fin de la cabalgada de los ocho valientes tuvo su prolongación con el despegue del cántabro De la Fuente y el francés Jegou, iniciativa infructuosa, ya que fueron neutralizados a 7 kms de meta. Ambos acabaron por claudicar después de 180 km fugados.

Un repecho final, la Cota de Cadoudal, de 1.700 metros al 6,2% de desnivel fue el escenario de la esperada batalla por la victoria y el primer maillot amarillo. Nervios y maniobras en un lugar que ha dado prestigio a una localidad de apenas 2.500 habitantes. Algunos se fueron al suelo, como el colombiano Soler (Barloworld), como antes lo hizo el español Xavier Florencio (Bouygues).

La traca se encendió con el arranque de Kirchen con la línea a menos de 1.000 metros. Valverde apareció como una exhalación en una última curva a la derecha. En plan imparable, nadie le pudo coger la rueda. Mirada atrás y brazos al cielo. La euforia de un estreno idóneo en su cuarto Tour. Una exhibición que de momento aclara quién es el jefe.

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