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Vapuleado en campo contrario

El presidente del Gobierno sólo recibe críticas en su primer mes al frente de Europa.

el 07 feb 2010 / 18:33 h.

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España asumió la presidencia de turno de la Unión Europea (UE) con cuatro prioridades fundamentales, tal y como reconoció el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en una entrevista con este periódico publicada el pasado 3 de enero: la recuperación económica de los Veintisiete, la puesta en funcionamiento del Tratado de Lisboa, el objetivo de lograr una política exterior común y el acercamiento de las instituciones comunitarias a los ciudadanos.


Pero, además, el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, tenía la intención de aprovechar el incomparable -e impagable- escaparate de la presidencia europea para revitalizar su maltrecha situación interna y ganar peso en la política internacional.
Un mes después, Zapatero no ha logrado ninguno de los objetivos marcados, sino todo lo contrario. Su nombre y el de España han sido -y son- vapuleados en Europa y al otro lado del Atlántico. Los mercados internacionales, los analistas y los diarios de mayor prestigio desconfían de una economía que aguanta un paro cercano al 20%, un importante pinchazo inmobiliario, un déficit público superior al 10%, una deuda que crece vertiginosamente y, sobre todo, ya no se fían de un Gobierno que cambia muy fácil y velozmente de opinión.
El líder socialista debió intuir que su gestión al frente de la UE no iba a ser fácil por los editoriales y análisis publicados en la prensa europea apenas cumplidas horas del traspaso de poderes entre Suecia y España. Los mismos rotativos que en 2004 lo acogieron con entusiasmo y curiosidad, seis años después ya no le daban el beneficio de la duda: "una tambaleante España debe guiar Europa" (Financial Times, Reino Unido), "en política exterior y economía, España no es un ejemplo a seguir en estos momentos" (Frakfurter Rundschau, Alemania), [Zapatero] "no ha tomado ninguna acción correctora en dos años de acusado declive económico y marginación de la política internacional" (The New York Times, EEUU), "España ha encontrado una ingeniosa solución contra el deterioro económico: hacerlo ilegal" (The Wall Street Journal, EEUU), sin duda el más despectivo de todos.


Y es que en apenas 37 días, el político de León, uno de los pocos líderes de izquierdas de la UE, se ha ganado el descrédito de los 27. Y lo ha hecho practicando un juego conocido en España: el de cambio-matización de sus propias propuestas. Y, según las críticas, muy mal entendido en el Viejo Continente. Todo empezó con la presentación de su plan económico que favorecía una política común en esta materia y diseñaba un catálogo de sanciones para los estados miembros que no cumpliesen con los objetivos que se fijasen. Un proyecto que desde el principio contó con la oposición de Alemania, Reino Unido y el Partido Popular Europeo. Tras lo cual Zapatero y su Gobierno dieron marcha atrás y donde dije sanciones ahora digo...


No es el único asunto en donde el Ejecutivo ha rectificado. Esta misma semana lo ha hecho dos veces con la reforma de las pensiones. Primero el retraso de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años fue matizado tras la queja de los sindicatos y luego el Ministerio de Economía rectificó el Programa de Estabilidad 2009-2013 que envió a Bruselas en el que constaban simulaciones en las que se ampliaba a 25 años el periodo de cotización que se considera para calcular las pensiones.
Los mercados han empezado a mostrar dudas razonables sobre la credibilidad del Gobierno frente a la crisis y su forma de gestionar el déficit: el jueves la Bolsa sufrió un desplome del 6%, la mayor caída desde el otoño de 2008.


Aquellos brotes verdes que anunciaba el presidente se pierden en el horizonte junto con los vaticinios de la pronta recuperación. Especialmente cuando en el Foro Económico Mundial Zapatero pide fe en la economía "de un país serio" sentado entre Grecia (al borde de la quiebra) y Letonia.


En 37 días el presidente sólo ha logrado amplificar los golpes que en casa sólo le daba Mariano Rajoy.

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