Cultura

Vázquez Consuegra desabriga las Atarazanas

El arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra hará un Caixaforum que potenciará el valor histórico de las Atarazanas, abierto a la calle y con las arcadas descubiertas.

el 23 oct 2009 / 20:11 h.

Receraciones virtuales del proyecto de Guillermo Vázquez Consuegra.

A Guillermo Vázquez Consuegra les gusta llamarlos, en consonancia con el tono lírico y cautivador que utiliza para hablar de la arquitectura como una precisa metáfora de la vida, "espacios de mediterraneidad". En eso pretende convertir las hasta hoy opacas Reales Atarazanas de la ciudad: en un ámbito "impreciso, de límites desdibujados" que el arquitecto sevillano con más proyección internacional conseguirá desabrigando el edificio de su fachada exterior para dejar al descubierto su interior, convirtiendo la intersección entre las calles Temprado y Dos de Mayo en una suerte de plaza medieval cubierta de arcadas, por las que el ciudadano podrá pasearse sin saber muy bien si se encuentra en un espacio público o privado, interior o exterior; si la calle es arquitectura o viceversa.

Esta idea, rompedora y conservacionista al mismo tiempo (recupera el espíritu y la fisonomía de la pescadería de la ciudad que se trasladó allí en tiempos de los Reyes Católicos desde la Plaza de San Francisco), vertebra el proyecto que el estudio de Guillermo Vázquez Consuegra ha elaborado para la construcción del próximo Caixaforum Sevilla, el centro cultural que se instalará en los viejos astilleros de la capital gracias a un convenio de cesión firmado con la Junta de Andalucía -propietaria del edificio- por un periodo de 75 años. El propio Consuegra -ganador por concurso del proyecto- presentó ayer los detalles de su deslumbrante creación junto con el director ejecutivo territorial Sur de La Caixa, Juan Reguera, y la consejera de Cultura Rosa Torres, para quien las Atarazanas, una vez reconvertidas por la mirada de Vázquez Consuegra, será "un corazón que lata en el centro de la ciudad".

Ubicadas junto al Teatro de la Maestranza y al Hospital de la Caridad, entre el río y la Catedral, las Atarazanas integran siete grandes naves industriales del siglo XIII que, al quedar abiertas al público tras descubrir media docena de grandes arcos ahora cegados, serán un gran espacio público, abierto de día y cerradas por un sistema de cancelas durante la noche. Ese enorme espacio cubierto es de 5.000 metros cuadrados y, salvo en la nave del fondo, donde irá una cafetería y un quiosco, se podrá utilizar para conciertos, recitales e incluso algunas exposiciones, y se podrá transitar libremente por él accediendo desde Dos de Mayo, calle que conecta el río con la Catedral.

Para el arquitecto, se trata "de un espacio interior fantástico, deifícil de tocar y, por supuesto, de mejorar". Es por esto que ha decidido "dejarlo como está" y trabajar en las cotas altas del edificio, con una consigna principal: incorporar las vistas de sus "prestigiosos vecinos" (la Catedral y la Giralda) como "un material más de nuestro proyecto". En definitiva, "una visión romántica que formará parte del Caixaforum", explicó Vázquez Consuegra.

A partir de ahí, en los tres niveles siguientes, que se corresponden con las ampliaciones realizadas por Carlos III en el siglo XVIII para convertir el edificio en un cuartel de artillería, las salas de exposiciones y dependencias de Caixaforum se extenderán por otros 6.700 metros, donde irá el auditorio y el vestíbulo principal y las tres naves de la planta superior de las Atarazanas, que siempre han estado cerradas al público.

La estructura de las tres naves superiores del edificio, que como decimos ya no forman parte de las Atarazanas medievales, sino añadidos del XVIII, tampoco se tocará, pero una nave se convertirá en una sala de exposiciones de 400 metros cuadrados, la nave central en talleres y salas polivalentes y la nave más próxima a la calle Dos de Mayo será un restaurante con terraza y vistas a la Giralda -además de una segunda terraza sobre la cubierta del citado restaurante-.

La sala de exposiciones principal, con 800 metros, ocupará el actual edificio que sirve de fachada a la Atarazanas a la calle Temprado, y pegados a éste, en su parte trasera y arriba el auditorio para trescientas plazas y el vestíbulo, cuya parte superior, transparente, dará también a Dos de Mayo. Éste vestíbulo será un "espacio contemporáneo", de acero y cristal, que comunicará con el resto de espacios y niveles del edificio.

vestíbulo. Así las cosas, el interrogante de Consuegra fue cómo conectar el espacio medieval con el contemporáneo, ese vestíbulo del siglo XXI que dará la bienvenida a 7,5 metros de la cota de suelo. La solución: "La transición habrá que hacerla lentamente, a través de una rampa larga, muy lenta, que aplaza este encuentro, el de la cota de la calle con la zona superior". El resultado: una pendiente en zig-zag, ascensores y escaleras en el único elemento exterior que se verá de nueva construcción.

En cuanto a los materiales, Consuegra apuntó que predominarán el "acero y la madera porque son materiales claves del mundo de la navegación al que evoca la histórica función de las Atarazanas", pero precisó, en su tono lírico y seductor que guió toda su exposición: "En realidad, disponemos de cinco materiales: el acero, la madera y el cristal, pero también la presencia de la Catedral y la luz", que inunda el espacio de forma alterna y dibuja un espacio de luces y sombras único en la ciudad.

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