Cultura

Vázquez-Figueroa: «Un periodista va a la guerra porque quiere, y asume que puede morir»

El escritor superventas reúne sus recuerdos y su trabajo como reportero en conflictos bélicos por todo el mundo en el libro ‘Siete vidas y media’, que acaba de ver la luz en Ediciones B

el 17 dic 2009 / 20:45 h.

Alberto Vázquez-Figueroa
-->--> -->

"Un libro medio absurdo, el que nunca quise escribir. Pero la editorial se empeñó, y ahí está". Así habla Alberto Vázquez Figueroa (Santa Cruz de Tenerife, 1936) de su última publicación, Siete vidas y media, un volumen que recoge, en formato de entrevista distendida, algunos de sus recuerdos personales, desde su infancia en el desierto a su labor como corresponsal de guerra en Guinea, el Chad, República Dominicana, Bolivia, Guatemala o el Congo, sin olvidar su faceta como autor de best-sellers.

El escritor discute el hecho de que se puedan escribir memorias, "porque uno tiene sólo una cabeza y una sola memoria", y admite que "son muchas las cosas que se pierden en 73 años, y aunque tú quieras decir la verdad muchos recuerdos quedan distorsionados por el tiempo, sobre todo los de guerras y situaciones difíciles", explica.

Superventas con más de 60 títulos en su haber, entre los que destacan novelas como Tuareg, Ébano, Sha, Marfil, Tiempo de conquistadores o Coltan, Vázquez-Figueroa comenta que "el libro que menos he tardado en escribir me llevó un fin de semana: fue El perro. Y mi mejor libro, uno de los pocos buenos que he escrito, Tuareg, lo hice en 20 o 25 días, porque yo escribo siempre de cosas que conozco, y después de pasar 16 años con los tuareg ya tenía toda la información: sólo tenía que sentarme", recuerda. "Un escritor trabaja así, del mismo modo que si tú [se dirige a un compañero de la rueda de prensa] tardas tres días en transcribir esta entrevista, tu jefe te dirá que te dediques a otra cosa".

Vázquez-Figueroa presume de haber desarrollado una larga trayectoria periodística "sin haber pisado una redacción más que un par de veces, y de visita", asegura. Políticamente incorrecto por vocación y costumbre, no entiende los casos como los de José Couso o Julio Anguita Parrado. "Es absurdo protestar por alguien que va a la guerra y lo matan. A eso sólo van los que quieren, y si a mí no me hubiera gustado, no hubiera vuelto. Es tu riesgo, lo que has querido. Si Fernando Alonso se mata a 350 kilómetros hora, ¿le pone un pleito a su escudería?".

"Por muy bien entrenados que estén, los militares están acojonados, no saben de dónde les vienen los morteros, todo vuela por los aires. Un capitán dentro de un tanque, con su compañero muerto, que ve por una mirilla un edificio por el que asoma una cosa negra, ¿qué cree, sino que le van a tirar un bazukazo?", asevera. "Si eres corresponsal, no puedes trabajar desde el balcón de un hotel, porque estás poniendo en peligro la vida de la gente. Tienes que salir a la calle, con un letrero bien grande que ponga PRENSA, y si te matan lo asumes. A mí me pagaban bien por eso, era interesante, siempre estaba deseando volver. Ahora hay quien retransmite las guerras viendo la televisión".

En Siete vidas y media (Ediciones B), Vázquez-Figueroa afirma que "ni la muerte ni el dinero me han querido nunca". Lo primero es una evidencia, pero lo segundo resulta casi un sarcasmo si se piensa los miles y miles de ejemplares que ha vendido. "Lo he invertido todo, unos dos millones de euros, con mi proyecto de los desaladores, estoy en la ruina, ¿y qué? Hay que ser consecuente con los actos", afirma refiriéndose a su proyecto de inventar un sistema barato para proporcionar agua gratis. "Decidí jugármelo todo, pensando que si no hubiera escrito ningún libro no pasaría nada, pero si conseguía darle agua al mundo haría algo de veras grande".

Sin distingo de izquierdas ni derechas, Vázquez-Figueroa dispara que "no me importa que un político sea corrupto: para eso están, para llevárselo. Lo que me molesta es que sean ineptos. Cuando planteé mi idea, el ministro de Medio Ambiente era Jaume Matas, que le subía a todo un 40 por ciento, que era su comisión. Y del Velódromo de Mallorca se han robado el 100 por ciento. Corromperse es el mejor negocio que puedes hacer hoy. Te llevas 30 millones, pasas un año en la cárcel, y luego llegan las televisiones y pagan una fortuna para que cuentes cómo robaste... Los sindicatos se callan, y los jóvenes sólo protestan si les quitan el botellón. Si les quitan su futuro, no", apostilla.

  • 1