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Veranear

En el mundo occidental las vacaciones de verano son una conquista social consolidada. Un periodo de descanso que los trabajadores pueden disfrutar cambiando sus rutinas, incrementando la vida familiar y el ocio.

el 16 sep 2009 / 06:36 h.

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En el mundo occidental las vacaciones de verano son una conquista social consolidada. Un periodo de descanso que los trabajadores pueden disfrutar cambiando sus rutinas, incrementando la vida familiar y el ocio. Responde, como tantas otras cosas, a la socialización de determinadas prácticas burguesas, que a su vez tienen su origen en la emulación de modos de vida y de confort aristocráticos. Disfrutar de lo otro. Instalarse temporalmente en un escenario alternativo y atractivo. Un proceso teórico que se resume mal en lo que va del grand tour ilustrado al turismo de masas.

A pesar de que cada vez mayor número de personas practican un turismo global, entre nosotros sigue siendo práctica habitual veranear, una modalidad "tradicional", es decir, inventada menos de un siglo atrás, que consiste en trasladarse a un lugar relativamente próximo, de clima más benigno y cercano al mar o a la naturaleza. En Sevilla veranear en el Aljarafe era habitual, y es hoy no más lejos de la Sierra Norte y de las playas de Cádiz o Huelva. Siempre me llamó la atención que en Las Palmas de Gran Canaria los vecinos de Triana veranearan en Las Canteras, antes de que el turismo cambiara profundamente hábitos y horizontes.

La tradición también dice que es un gozo veranear. Y quizá sea así para los niños, adolescentes, y mentalmente asimilados, aunque habitualmente signifique perder las comodidades de la vivienda habitual, reducir el espacio real y psicológico hasta límites inverosímiles, intensificar la presión sobre la mujer sometida a un mayor agobio doméstico, y con mayor frecuencia de lo que se quiere reconocer, poner a prueba, cuando no en crisis, las relaciones de pareja y las de padres e hijos.

A pesar de que el veraneo siga siendo común, especialmente por la segunda residencia en propiedad que tantos incautos ha atrapado en destinos obligatorios, son cada vez más quienes optan por las vacaciones alternativas, los destinos variables cada año, las ciudades de clima menos tórrido, los destinos exóticos o aventureros? masivos, el turismo cultural con o sin cursos de lengua extranjera en ausencia de nativos, o esa modalidad tan controvertida de los "mini tour" náuticos que constituyen los cruceros, que mueven masas simulando las singladuras de los grandes yates, hoy en Ibiza, mañana en Sidi Bou Said, y poco después en Montecarlo, el parque temático por excelencia, reality hasta la náusea, incluidas las orquídeas blancas sobre la tumba de Grace Kelly en una catedral de opereta.

Desde hace años alimento la ilusión de no moverme de mi casa de Sevilla en agosto, desactivar los móviles y dejar que los correos electrónicos cojan telarañas. Como nunca seré capaz de hacerlo no podré comprobar lo horrendo de semejante experiencia y seguir añorándola, otra manera de felicidad. En realidad, muchos entre quienes tenemos la fortuna de desarrollar una actividad gratificante y vivir confortablemente no nos gusta veranear, esperamos con ilusión que llegue pronto septiembre, recuperar los escenarios y las relaciones habituales,.. y viajar.

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