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Vericuetos de la calle Sol

La calle Sol fue importante; terminaba en la puerta que lucía también ese nombre (todas las ciudades tuvieron su Puerta del Sol) y hasta logró que la paralela por Osario se llamara Luna...

el 14 sep 2009 / 23:40 h.

La calle Sol fue importante; terminaba en la puerta que lucía también ese nombre (todas las ciudades tuvieron su Puerta del Sol) y hasta logró que la paralela por Osario se llamara Luna (los escolapios le pusieron Escuelas Pías para irse luego a Montequinto); en Sol vivió Abenmafoh, el último rey de Niebla, convertido en noble castellano y por allí también Pepe Díaz, secretario del Partido Comunista. Fue a partir de ahí, de la guerra, cuando empezaron a perderse los papeles y nadie quiso o supo qué hacer con aquel dédalo, que hasta tiene una calle llamada Butrón, profecía de los que haría la gente para pasar de un lado a otro. Y eso es lo que ha habido en las tapias antes y después de que Queraltó intentara con voluntad y sin éxito reordenar el enclave.

Así se formó esa Sevilla invisible que los técnicos -del Ayuntamiento o de Educación- únicamente ven en los planos como un "agujero blanco" sobre el que escribir "colegio" o "parquin" sin pensárselo dos veces, o que los munícipes de la oposición ni siquiera ven con lo que les gusta ver. Una Sevilla en desgracia, a pesar de su muralla almohade que el mito pregonó de Julio César. La muralla, abandonada pero intocable por mor de la arqueología, separó el barrio del Jardín del Valle y de la Ronda. Lo separó de la ciudad y lo metió en un butrón, en el Pozo de ese Juego de la Oca al que juegan los barrios invisibles.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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