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Viacrucis huérfano de Salud

el 15 sep 2009 / 23:27 h.

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(Vídeo: Lydia Capitán)

A las 17.39 horas, el hermano mayor trasladaba desde el púlpito la peor de las noticias. 23 años después, la imagen elegida para presidir el Viacrucis se quedaba de nuevo en el templo por mor de la lluvia. "Al Señor lo vamos a llevar a la Catedral pero en nuestros corazones", consolaba Ezpeleta a sus hermanos.

No pudo ser. La lluvia constante caída desde por la mañana sobre la capital y los agoreros partes meteorológicos para la tarde-noche de ayer frustraron el sueño de los hermanos de Los Gitanos. Por segunda vez en las 34 ediciones del Viacrucis de las Cofradías -la primera ocasión fue en 1986 con el Cristo Yacente del Santo Entierro- el tiempo dio al traste con el traslado a la Catedral de la advocación elegida para presidir el primer gran acto público de la Cuaresma.

Bastó una breve reunión de urgencia del cabildo de oficiales para revestir de oficialidad una decisión que se mascaba en el ambiente ya durante la celebración de la misa preparatoria reservada a los hermanos en el interior del santuario. Hasta el vicerrector del templo, que presidó la multitudinaria eucaristía, a la vista de los presagios meteorológicos, tuvo que retocar su homilía: "Me había imaginado que la Santísima Virgen se iba a quedar aquí solita.

Por un lado, sentiría un poco de pena de ver que su Hijo se marcha, pero por otro diría: Ya que no puedo ir, poned vosotros toda el alma en acompañar a mi Hijo". Concelebrada por 12 sacerdotes -entre ellos el nieto del célebre Balilla, costalero al igual que su abuelo, quien acuñó la frase "Al cielo con Ella"-, la eucaristía concluyó con unas sentidas palabras del hermano mayor exhortando a sus hermanos a "despojarse del egoísmo" y a "acercarse cada día más al prójimo, al que tenemos al lado".

Finalizada la misa, y mientras se reunía el cabildo de oficiales, el presidente del Consejo, Adolfo Arenas, que se había desplazado hasta el santuario junto a una nutrida representación de la institución, aclaraba a pie de obra la dudas sobre lo que habría de venir en caso de que se suspendiera el traslado: "El Viacrucis se hará en el mismo sitio y a la misma hora, aunque sin la imagen. El Señor únicamente acompaña el rezo de las catorce estaciones".

¿Segunda oportunidad?. Mientras se esperaba el veredicto de la junta, el delegado de la Madrugada, Vicente García Caviedes, compartía en voz alta una proposición que le había trasladado al presidente del Consejo: "Que se tenga en consideración para futuras elecciones que tanto el Cristo Yacente como el Señor de la Salud han sido imágenes que no han presidido el Viacrucis, ya que han sido cauas de fuerza mayor las que las han dejado en casa".

Minutos después, en medio del tumulto de la iglesia, Ezpeleta comunicaba la mala noticia a sus hermanos. La crudeza de los pronósticos no dejaba margen siquiera a la esperanza. "Hubiera sido un verdadero desastre tener que refugiarnos en alguna iglesia". Emcionado, Ezpeleta rogó a sus hermanos que acudieran a la Catedral para participar de rezo de las catorce estaciones del Viacrucis. Desde ese mismo instante, las puertas del templo se abrieron para que el pueblo de Sevilla acompañara al Nazareno de la Salud.

Horas más tarde, en el primer templo metropolitano, se iniciaba el piadoso ejercicio del Viacrucis, esta vez sin cruces de guía que señalaran las estaciones.

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