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Viaje por el subsuelo del hospital Virgen Macarena

Los hitos médicos dependen de que las máquinas de los sótanos, los miles de kilómetros de cables y tuberías funcionen sin fallos. Más de cien trabajadores están a cargo del mantenimiento, sin temporada baja ni horas valle.

el 20 dic 2010 / 11:39 h.

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Cualquier hospital es una ciudad en pequeño. Miles de pacientes, cientos de médicos... y el 99% de las ocasiones en las que aparecen estas instalaciones en los medios de comunicación es por algo que tiene que ver con estos profesionales, con los enfermos o con esas máquinas que, habiendo costado un ojo de la cara, parece que van a lidiar con todas los enfermedades si en la foto se cuela un político con sonrisa.

Pero bajo los hospitales existe una cara en la que nadie repara: en su subsuelo miles de kilómetros de cables, enormes tuberías y conducciones de aire, así como complejos sistemas de retirada de residuos peligrosos permiten que las operaciones no se interrumpan cuando en el barrio se va la luz o que solucionan cuestiones más prosaicas como que la calefacción llegue a la última de las habitaciones o que los restos infecciosos no se mezclen con la basura ordinaria. Algunas de estas instalaciones, como el centro que reparte la energía eléctrica a cada rincón del Hospital Virgen Macarena, están entre las más modernas de España, explica uno de sus subdirectores de Servicios Generales, Javier Soto. Su trabajo consiste en asegurar las tareas de mantenimiento, las obras, instalaciones y también la seguridad del hospital más céntrico de Sevilla. Una tarea sin la cual las operaciones quirúrgicas se podrían suspender a los diez minutos de empezar, o sin las que los enfermos acabarían siendo evacuados por frío, una invasión de ratas o simple suciedad. Su reino subterráneo, que comparte con Jorge Rosano, el subdirector a cargo de la restauración, la lavandería, limpieza y medio ambiente, se extiende por los sótanos y, junto a las más de cien personas que trabajan en mantenimiento pocas veces salen de un discreto segundo plano."Situaciones de emergencia vivimos a menudo, pero en seguida se resuelven", explican tanto Soto como los empleados bajo las decenas de tuberías verdes y etiquetadas del grupo de riego.

Estas situaciones, aclaran, tienen más que ver con una tubería rota -y el rápido enganche de un tubo alternativo hasta que se repara la avería, muchas veces en el taller de reciclaje de los mismos sótanos-, que con vertidos más comprometidos y que por ahora no se han producido de material infeccioso, bacteriológico o radiactivo, una gestión de la que dependen ya no sólo las vidas del personal sanitario y los pacientes, sino la de buena parte de la población de Sevilla porque está en uno de los distritos más poblados de la ciudad y a escasos metros de las murallas de la Macarena."Ninguna de las calderas o de los cables puede dejar de funcionar un momento durante las 24 horas los 265 días del año", explica Soto. "No tenemos ni temporada baja ni horas valle y esto hace más complicado nuestro trabajo que el de las tripas de un hotel. Da un poco de miedo", relata. "Cuando en verano baja un poco el uso del hospital aprovechamos para reparar los quirófanos, la UCI... estamos surtidos de estrés", remarca.

Las entrañas del hospital se parecen a las de una persona: igual que la sangre regula la temperatura después de que la bombee el corazón, la central térmica y las placas solares hacen llegar a través de 80.000 kilómetros de tuberías calefacción, agua caliente o aire acondicionado a las habitaciones de los pacientes o a donde están máquinas como los TAC, que se deben mantener a 18 grados. El consumo de agua diario del hospital es el mismo que el de dos familias durante un mes: 50.000 litros. En cuanto al uso de energía solar y la sustitución desde 2007 del gasóleo por gas natural y la energía del sol han ahorrado a la atmósfera 230 toneladas anuales de CO2, tras un gasto para la reconversión a las renovables de 17 millones de euros en cinco años. El ahorro en la factura del agua ha logrado una reducción de un 30% en este último lustro.

El símil no acaba aquí: si los nervios llevan los estímulos al cerebro, decenas de miles de kilómetros de cable conectan la sala de guardia con todas y cada una de las estancias. Y si se va la luz en un quirófano, en pocos segundos un grupo electrógeno (o dos) de mil kilovatios/amperio (KWA) se pone en marcha para que no corra peligro el paciente.También están sincronizados como la eliminación de una tonelada de basuras ordinarias (y 750 kilos de residuos peligrosos) al día o la gestión de tres toneladas de ropa y sábanas sucias, por no hablar de los kilómetros de desagües y bajantes.

El lugar del estómago lo ocupa una cocina en la que se elaboran 4.000 comidas al día con nada menos que 120 menús diferentes, según lo que determinen los dietistas que conviene a cada uno de los mil pacientes. "La distribución de los platos por las ocho plantas y todas las alas del hospital se hace en 20 minutos", presume Rosano. Los dos subdirectores explican que el esfuerzo en reciclaje ha conseguido no sólo bajar el volumen de los residuos, sino que, en la vertiente del reciclaje profesional, el esfuerzo de todos los empleados del Macarena ha logrado que estos órganos vitales del hospital funcionen como un reloj. En el caso de que fallen pasará lo mismo que con una persona. ¿Podría usted vivir con una avería en el corazón?

A este recorrido por las vísceras del hospital Virgen Macarena le falta encontrar el alma. Si es que existe, debe parecerse al espíritu de los más de cien trabajadores de mantenimiento, que todos los años  organizan la visita que los Reyes Magos harán a los niños ingresados el 5 de enero, quizá la fecha más importante en el calendario sentimental de este colectivo, que en el taller de reciclaje lo mismo arregla una camilla que fabrica un escoplo para una complicada operación de columna.

Estos trabajadores no sólo endulzan momentos tristes en la vida de los pequeños enfermos: también saben dar rienda suelta a sus ganas de vivir en una caseta de feria, Los gallos grises –por el color del antiguo uniforme del personal de mantenimiento–, que podrán encontrar en el número 10 de la calle Ignacio Sánchez Mejías.

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