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Viejas y nuevas romerías

Si hace un mes asistíamos a una fiesta de la Virgen de los Reyes con sus aires campesinos perdidos, desde ayer lunes en poblaciones cercanas a Sevilla hemos entrado en el tiempo de romerías que ya no poseen los lazos que antaño las unían a la capital

el 15 sep 2009 / 11:25 h.

Si hace un mes asistíamos a una fiesta de la Virgen de los Reyes con sus aires campesinos perdidos, desde ayer lunes en poblaciones cercanas a Sevilla hemos entrado en el tiempo de romerías que ya no poseen los lazos que antaño las unían a la capital. Hace más de un siglo José Gestoso -tan serio él y tan enemigo de lo flamenco- se dejaba llevar por la nostalgia para transcribir seguiriyas y soleares en la entrada en Triana de los que volvían de la romería de Torrijos. Y es que a la Hacienda de Torrijos iba antes mucha más gente que al Rocío. Y a Valme, Cuatrovitas o Loreto.

Todo tiene su explicación: en el siglo XVIII los viejos apellidos nobiliarios vieron peligrar su ascendencia porque, al no saber nadie si eran propietarios de esos pueblos o sólo tenían señorío sobre ellos, los ayuntamientos comenzaron a reclamar sus bienes comunales. De modo que se convirtieron en patronos o benefactores de imágenes venerables y, junto con los frailes, inventaron unas ocupaciones espirituales de tierras, llevando hasta las ermitas a multitudes sevillanas y de pueblos cercanos para fastidiar a los gobernantes ilustrados, empeñados en realizar un catastro y poder cobrar impuestos.

Después llegaron otras modas y, aunque los Montpensier se hicieran importantes por los mismos caminos, Gestoso ya se quejaba de que, en su época, habían dejado de ir de romería gentes de alcurnia. Así se quedaron solos los pueblos en sus devociones, metidos -todo lo más- en lizas sentimentales con el de al lado. Sevilla está ahora en otras cosas: hoy se anima a la gente a formar plataformas y coordinadoras para ocupar los parques y las plazas en plan de protesta pero sin flores de papel ni panderetas. Si Gestoso las hubiera visto diría que eran muy aburridas.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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