Cultura

Visiones de la Generación del 27

La sala de exposiciones del convento de Santa Inés acoge desde el próximo jueves una gran exposición de arte y literatura.

el 13 mar 2010 / 21:24 h.

Una foto de Fernando Villalón dedicada a Lorca.

¿Aquel momento es ya una leyenda? Esta pregunta, formulada por Gerardo Diego al recordar el famoso homenaje a Góngora en Sevilla, sirve como lema de una gran exposición en torno a la Generación del 27. Esta convocatoria fue inaugurada el pasado 2 de diciembre en la Residencia de Madrid y desde el próximo jueves podrá ser visitada en la sala Santa Inés. A diferencia de otras muestras similares organizadas en los últimos años, que se centraban únicamente en el campo literario, el principal atractivo de esta propuesta es su carácter transversal, pues comprende apartados dedicados a las artes plásticas, el teatro, la música, la arquitectura y el cine.

Organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la propia Residencia y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, esta colección recoge más de 230 piezas, entre cuadros, primeras ediciones, ilustraciones, maquetas y documentos que configuran el mosaico de la llamada Edad de Plata de la literatura española entre 1927 y 1928. Una de estas obras, Universo de la literatura española contemporánea (1927), de Giménez Caballero, ha sido escogida como portada del catálogo al representar como si se tratara de un sistema cósmico los distintos grupos y personalidades de la época, desde Los mayores -los autores de las Generaciones del 98 y el 14- a los simpatizantes de la Residencia de Estudiantes, conocidos como Los Quinientos.

No obstante, el eje alrededor del cual se articula todo el discurso expositivo son las revistas, y más concretamente La Gaceta Literaria y sus números monográficos de aquellos dos cruciales años, en los que puede comprobarse de forma nítida la bifurcación estética que sufriría la creación artística española, dividida entre el intelecto y el instinto: la pureza formalista de un lado, frente al vitalismo que acabaría cristalizando en movimientos como el surrealismo, el neofuturismo o el compromiso social. Un viaje alucinante a la hora decisiva en que la modernidad llegaría por fin a nuestras artes y nuestras letras.

Irrepetible conjunción de astros

Los amantes de la astrología podrían hablar de irrepetible conjunción de astros para explicar la suma de encuentros felices y cruce de talentos que se dio en España entre 1927 y 1928. No hubo un campo de la creación que no viviera alguna particular ebullición, y que a su vez estuviera interconectado con otras disciplinas. Manuel de Falla alcanzaba su plena explosión creativa y componía su Concerto para clave -una fotografía le muestra en uno de los ensayos en París- mientras Halffter firma su obra La Sinfonieta, cuya partitura original se exhibe junto a la del célebre Bolero de Ravel o a una foto dedicada a Falla por Joaquín Turina.

Era el tiempo en que Buñuel comparaba a Griffith con Bach, Fidias y Giotto, y describía el cine como poesía; al mismo tiempo, los ilustradores coincidían en hablar de figuración poética refiriéndose a las artes plásticas.

Dalí acuñaba el término antiarte, y en arquitectura empezaba a dominar la depuración ornamental para ir a lo esencial, como se hace patente en las fotografías y los bocetos de García Mercadal, Le Corbusier y Pierre Jeanneret, Carlos Arniches y Martín Domínguez, entre otros.

Además de estos selectos materiales, destaca el abundante material gráfico de la muestra, con una impagable pose a caballo de Fernando Villalón dedicada a García Lorca, otra de Pedro Salinas sentado en el capó de su coche Fidelio o la que reúne a unos campechanos Rafael Alberti y José Bello en pleno 1927.

La exposición se completa con la proyección permanente de un documental realizado por Rafa Zarza, en la que se recogen fotografías de los artistas durante estos dos años cedidas por la familia de Juan Guerrero.

Otra vuelta de tuerca a la pintura

Pocas veces han estado tan unidas poesía y plástica como en aquellos años efervescentes, sobre todo en ese punto de encuentro que fueron las revistas. En Litoral, sin ir más lejos, se dieron cita Dalí, Picasso, Juan Gris, Moreno Villa, Ucelay, Lorca y tantos otros. Todas las tendencias encuentran su sitio en las páginas de estos insustituibles órganos de expresión: cubismo, neoclasicismo, figuración lírica, neorrealismo, surrealismo... Y todos sus artífices parecen vivir un momento de gracia.

En la exposición de Santa Inés, los visitantes podrán contemplar los bodegones de Mariano de Cossío, José Moreno Villa, Ismael González de la Serna y Ramón Gaya junto a collages y apuntes de Salvador Dalí, figuraciones de Pedro Flores y los característicos dibujos de Federico, audaces composiciones de Maruja Mallo, un óleo de Benjamín Palencia, una escayola pintada de Alberto Sánchez, un autorretrato de Ángeles Santos Torroella o una abstracción de Hernando Viñes, por citar sólo algunas piezas.

En cualquier caso, el dibujo y la pintura se hallan diseminados por toda la exposición, especialmente en numerosos retratos, caricaturas, carteles literarios -los de Giménez Caballero- y portadas de las primeras ediciones, en las que muchos de estos grandes nombres dieron, acaso sin ser del todo conscientes, notables muestras de sus mejores cualidades.

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