Cofradías

Víspera de capirotes en una mañana de miradas al cielo

La mañana del Viernes de Dolores amanecía en Sevilla anunciando malos presagios. Bienvenida a la primera jornada en la que la ciudad estaba llamada a llenarse de sus primeros nazarenos.

el 22 mar 2013 / 17:50 h.

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Santísimo Cristo de la Corona. Santísimo Cristo de la Corona. La mañana del Viernes de Dolores amanecía en Sevilla anunciando malos presagios. Un cielo encapotado y una incesante lluvia daban la bievenida a la primera jornada en la que la ciudad estaba llamada a llenarse de sus primeros nazarenos. Sin embargo y a diferencia del año pasado, en el que las previsiones meteorológicas no ahuguraban buenas perspectivas, el ambiente en los templos de las seis hermandades que debían realizar su estación de penitencia irradiaba un optimismo que daba paso a la esperanza de vivir una jornada completa. En las iglesias se sucedían cultos y visitas como un bucle que se repite cada año al llegar el día de la salida. Desde bien temprano, la parroquia de San Antonio María Claret, en Heliópolis, era un ejemplo de este trasiego de visitas. Entre ellas, la de una representación del Real Betis que ofreció un centro de flores a los titulares de la hermandad de la Misión en presencia de su hermano mayor, Juan Francisco Reina. La imagen se repetía en el resto de los templos. En Pino Montano, la parroquia de San Isidro Labrador era un ir y venir de vecinos del barrio que destacaban la insólita imagen de Nuestro Padre Jesús de Nazaret, vestido con túnica malva. Rezos que se sucedían también en Padre Pío o en Bellavista, donde el arzobispo de Sevilla, el alcalde y varios miembros del Consejo de Cofradías acudieron al encendido del cirio de la candelería del palio del Dulce Nombre dedicado a los donantes de órganos. El contraste llegaba de la mano de Pasión y Muerte y la hermandad del Cristo de la Corona. Lirios y flores silvestres saludaban al silencio que recibía a los cofrades en las parroquias del Buen Aire y el Sagrario. La espera era ya una realidad consumada. Sólo faltaba ver a los primeros nazarenos por las calles de Sevilla.  

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