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Viudas de Astilleros se enfrentan al desalojo de las casas en las que viven desde hace casi 60 años.

el 19 may 2010 / 17:54 h.

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Carmen posa junto a Josefa y sus recuerdos fotográficos. Sus casas están perfectamente habitables y no quieren dejarlas.

A mediados de los 50 la barriada de Astilleros tenía un jardín cuidado y 35 casas llenas de niños que crecían a pocos metros del Guadalquivir. Hoy, de esas 35 casas, algunas de una planta y otras de dos, sólo quedan habitadas siete. Siete casas en las que viven siete mujeres que ven peligrar los que han sido sus hogares en algunos casos desde hace más de medio siglo. Ahora el jardín está sin cuidar y a mediodía sólo se escuchan los pájaros y el maullar de los gatos. No saben qué hacer con sus recuerdos. Si la Sección Tercera de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía no lo remedia, tendrán que despedirse de una buena parte de su vida.

La Autoridad Portuaria inició el procedimiento de desahucio, aunque ayer confirmó que paraliza "provisionalmente" el desalojo del barrio insistiendo, no obstante, en su "ilegalidad". "Ya lo dijimos entonces y lo repetimos ahora: no somos ocupas, en todo caso ocupantes con un contrato firmado", afirma Manolo Rembado, de 70 años, hijo, hermano y trabajador de Astilleros que vive en el barrio desde el año 1954.

No es que se den por vencidos. O que se abandonen en la batalla administrativa. Es que esperan, o más bien desesperan, ante la perspectiva del desahucio inminente. "Acataremos lo que diga un juez, pero al menos tienen que oírnos, que sepa que no somos ocupas, que tenemos un contrato en vigor hasta el año 2025", cuenta Manolo.

El principio de este final ahora pospuesto fue el 18 de diciembre del año pasado. Entonces recibieron la única visita de un representante de la Autoridad Portuaria -la propietaria de los terrenos- en los que le instaban a abandonar sus casas. Antes, los 28 vecinos restantes se acogieron a una indemnización de Astilleros Españoles -los dueños de las casas- para dejar las viviendas. "Los que se fueron lo hicieron porque ya sólo tenían estas casas como recreo. Nosotros no tenemos donde ir", dice Carmen Caballero, de 83 años.

Carmen, cobijándose del sol en la sombra que proyecta su casa, recuerda cómo crió en este barrio a sus 12 hijos. "Vine con tres y los demás nacieron aquí. Me acuerdo cuando tenía que ir a la plaza andando, cruzando el río en una barca. También me acuerdo el día que me puse de parto y mi marido estaba de guardia en Astilleros y tuve que ir caminando de madrugada hasta la puerta para que lo avisaran". Carmen se queja porque sus maridos, trabajadores de la empresa naval, estuvieron siempre para cualquier urgencia que surgiera en la factoría. "Los llamaban a cualquier hora y allá que iban. Cuando la riada fueron los que llevaron en los botes los víveres para las zonas inundadas".

Josefa López tiene 74 años y llegó al barrio en el año 62. En su contrato también especifica que tienen alquiladas sus casas hasta dentro de 15 años. "Con nuestras pagas de viudedad no podemos ir a ningún lado". "Tenemos muy buenos recuerdos del barrio, pero también lo hemos pasado mal: muchos vecinos han muerto en accidentes laborales y cuando llegó la crisis de Astilleros se sufrió y mucho".

Otra vecina, Manuela Aguilera, es una mujer separada de un trabajador de la fábrica y tiene una sentencia en firme que le permite el uso y disfrute de su vivienda. Para ella la causa del desalojo está clara. "Querrán construir más naves o una carretera". "Yo dije que no a los 60.000 euros porque con eso no podía irme a ninguna parte, más cuando le hubiera tenido que dar la mitad a mi ex, y porque aquí hemos invertido más".

"Nueve, doce, seis, siete, diez niños... Esto estaba lleno de vida. Astilleros tuvo que poner un autobús para llevarlos al cole". Ahora sólo se tienen a ellos mismos y a sus familias que se encargan de que nos les falte de nada. "Querríamos quedarnos aquí hasta el final porque dos de los vecinos que se mudaron murieron a los dos meses y otros todavía vuelven porque echan esto de menos", apuntan casi a la vez Josefa y Carmen.

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