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Cultura

Viva el Soniquete 2.0

Canijo de Jerez, Tomasito y Juanito Makandé demostraron en el CAAC que se puede tener un pie en el flamenco y otro en las nubes, siempre que abunde el compás, la afición y el buen humor.

el 14 sep 2014 / 13:37 h.

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Famenkeando **** Escenario: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC). Intérpretes: Juanito Makandé, Tomasito y El Canijo de Jerez. Aforo: lleno. No deja de ser una curiosa casualidad que, la misma noche en que el Maestranza era tomado por las más rancias y auténticas voces de Jerez, depositarios de la pureza como Manuel Agujetas, La Macanita o El Zambo, se abriera en el CAAC otro frente jerezano bien distinto. Me refiero a tres artistas que tienen en común una personalidad arrolladora, un directo potentísimo, una creatividad que a día de hoy no conoce techo, una afición probada y un desenfado muy de agradecer en estos tiempos de depre severa. Canijo de Jerez, Tomasito y Juanito Makandé llenaron y regalaron a sus fieles una noche marcada, como no podía ser de otro modo, por el compás con denominación de origen, por ese soniquetazo que bebe del pozo más profundo de la tradición, pero que se ha enriquecido con aportaciones de todos los colores y procedencias, porque han tenido la buena o mala suerte de nacer en la era del Youtube y de los aviones veloces. Un soniquete 2.0 que anoche se derramó a manos llenas y puso a bailar hasta las palmeras del antiguo Monasterio de la Cartuja durante más de cuatro horas. Abrió fuego Juanito Makandé, linense pero jerezano y sevillano de adopción y convicción, que metió al público en ambiente desde el minuto uno. Otro día hablaremos de por qué no me convence su faceta como presentador televisivo, hoy toca quitarse el sombrero con su talento compositivo y su solvencia como cantante y percusionista. Tan rítmico como siempre y más latin que nunca, ha sabido siempre rodearse de grandísimos músicos y se halla en un momento de madurez esplendente. Empezó con una trepidante Autogestión para desgranar a continuación algunos de los temas de su producción última, como Niña voladora, Cuchillos en el aire, Yo tengo la llave o Ya no soy un crío, ampliamente coreadas y vitoreadas por la multitud. Hubo chistes un poco forzados e instantes de emoción, como el abrazo de despedida del bajista Fernando Lamadrid. Grandes momentos de su actuación fueron también su peculiar adaptación de Hakuna Matata, de la banda sonora de El Rey León, y la versión del Te echo de menos de Kiko Veneno. El fin de fiesta, con bailaora neoyorkina-canastera invitada, fue por bulerías de Jerez. Si hubiera que buscarle un pero, sería no incluir en el repertorio más material de su primer disco, Sueña, que es excelente. Por lo demás, estamos ante un Makandé pletórico que no ha hecho más que empezar: tiene años por delante para darnos mucha y muy buena música. Más tiempo lleva dando alegrías Tomasito, tan animal escénico que ya se atreve incluso a salir en las portadas de sus discos y en directo enfundado en piel de leopardo. canvas Precisamente su último álbum, Azalvajao, centró el arranque de su show, donde el espíritu de Santiago y la Plazuela se adueñan de las tablas y se empapan de reggae, rumba, ska, break-dance y todo lo que encarte. Temas como Soy un limón o Al abandono sirvieron para que el público más despistado se diera cuenta de que la cosa va en serio. Con una banda sobresaliente en lo individual y muy compacta, Tomasito volvió a hacer un alarde de sabiduría combinado con una guasa genuina y electrizante. Es diversión pura para quien quiere tan solo pegar botes, y materia de estudio para quien guste de desmenuzar su música y entretenerse en buscar referencias: Ella Fitzgerald, Lola Flores, La Paquera, Kiko Veneno, Michael Jackson, AC/DC, todo está ahí, asimilado y reinventado. Lástima que al Canijo de Jerez apenas pudiéramos verlo como invitado de Juanito Makandé y de Tomasito, pues el espectáculo pasaba holgadamente la medianoche y los empleados de imprenta de este periódico también tienen derecho a dormir. Sí podemos decir que el Canijo, a quien vimos hace ya muchos años consagrarse con sus Delinqüentes en aquel Espárrago de Jerez, ha sabido también –sin el llorado Miguel, sin Diego–, forjar su propia identidad y hallar su espacio propio. Una noche en fin, de adrenalina y compás del futuro.

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