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¡Viva los novios!

Viva los novios! Un coro de voces vitoreaba con cariño a la pareja mientras ellos, con un beso, sellaban las promesas que acababan de hacerse, de hombre a hombre. Todos éramos testigos de que el reconocimiento de derechos en las leyes importa y fuimos conscientes y felices al ver que nuestros queridos amigos no serían etiquetados...

el 16 sep 2009 / 05:17 h.

Viva los novios! Un coro de voces vitoreaba con cariño a la pareja mientras ellos, con un beso, sellaban las promesas que acababan de hacerse, de hombre a hombre. Todos éramos testigos de que el reconocimiento de derechos en las leyes importa y fuimos conscientes y felices al ver que nuestros queridos amigos no serían etiquetados y tratados de manera distinta, discriminados por vivir libremente su identidad sexual. Son un matrimonio, para la salud y la enfermedad, para lo bueno y para lo malo. Algo corriente y extraordinario a la vez.

Debo decir que durante años en este país muchos objetamos del matrimonio. El nacional catolicismo lo había convertido en una obligación, además la soltería, especialmente para las mujeres, era un estigma y encima servía de coartada a las familias para interferir en la convivencia de la pareja y en la educación de los hijos. Era una cadena que había que romper aunque costara hacerlo a causa de la presión social y los chantajes emocionales de los padres. Aún y así se hizo y se boicoteó el matrimonio como institución.

Pero ahora, gracias a la democracia, las bodas ya no son lo que eran. No hay que casarse por decreto, hay muchas parejas que conviven antes del matrimonio y algunas que no se casan nunca. Aunque sea cierto que en es país todavía casarse es la opción más elegida, por convicción o por hábito social, por fortuna existe otro derecho ciudadano, el del divorcio. Y desde luego que personas del mismo sexo decidan casarse revitaliza el matrimonio.

Hoy estamos en un país de múltiples modelos de parejas y de familias. Una sociedad que cambia, que hace que pensemos en nuevas formas de convivencia y de resolución de conflictos, en la que la familia nuclear no retrata la realidad. Por eso, en pleno grito de ¡Viva los novios!, sentimos el orgullo de que su amor sea visible, porque ellos lo han querido así, en igualdad de condiciones, en una sociedad que ha sabido ignorar los fundamentalismos homófonos, político religiosos. ¡Viva los novios!, y gracias porque nuestra mente y nuestro corazón son más abiertos y más ricos gracias a vosotros.

Periodista

opinion@correoandalucia.es

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