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Viviendas ilegales

Supongo que a muchos les habrán impresionado las escenas de hace un par de días, de disturbios contra el derribo de viviendas ilegales en una zona marginal del centro de España. A mí la resistencia de los vecinos no me ha sorprendido, dado lo que se jugaban, aunque desde luego no se puede justificar la violencia que ejercieron.

el 14 sep 2009 / 20:54 h.

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Supongo que a muchos les habrán impresionado las escenas de hace un par de días, de disturbios contra el derribo de viviendas ilegales en una zona marginal del centro de España. A mí la resistencia de los vecinos no me ha sorprendido, dado lo que se jugaban, aunque desde luego no se puede justificar la violencia que ejercieron. Las excavadoras rodeadas de policías me recordaron escenas de Oriente Próximo, donde el derribo de casas es un arma de guerra. Lo que sí me ha sorprendido es la diligencia de los poderes públicos para hacer cumplir la normativa urbanística, cuando todos sabemos que las viviendas ilegales se multiplican como setas en nuestras costas y espacios naturales. Nuestra respuesta ante éstas es abrir oficinas no para tirarlas, sino para regularizarlas, para aceptar los hechos y dar tranquilidad a quién se ha saltado la ley.

Son más ilegales las primeras -y únicas- viviendas de unos que las segundas de otros? ¿No hacen más daño medioambiental las construcciones irregulares de la costa para el ocio que las que se hacen en mitad de un descampado para vivir? ¿Dónde está la diferencia? Me temo que todos sabemos dónde está: en ser pobre o no serlo, en la raza, en la exclusión social? Mientras dejamos a familias pobres en la calle, espacios naturales o monumentos históricos se ahogan de construcciones sin que nadie se preocupe de evitarlo. La ley no es igual para todos.

Miguel Rodríguez-Piñero Royo es catedrático de Derecho del Trabajo

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