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Vivir es saber fracasar

Me ha impresionado mucho -de ser cierto- lo que me han dicho: que Mario Conde se arrodilló el otro día en el AVE ante Alfonso Guerra para asegurarle que no había hecho nada malo, pidiendo un perdón que sólo él parece necesitar.

el 15 sep 2009 / 19:01 h.

Me ha impresionado mucho -de ser cierto- lo que me han dicho: que Mario Conde se arrodilló el otro día en el AVE ante Alfonso Guerra para asegurarle que no había hecho nada malo, pidiendo un perdón que sólo él parece necesitar.

Todo el rollo ese del Tao en que, al parecer, ocupa su tiempo no es otra cosa que una prueba evidente de que se ha rendido que está derrotado ante la vida. Un hombre de inteligencia brillante. Un triunfador social. Que abrigó la idea de liderar la derecha española y que lo ha perdido todo incluido el prestigio, vaga hoy por la escena española como un fantasma patético.

Prefiero la estética del perdedor ante la -frecuente- obscenidad y zafiedad del triunfo. Pero resulta triste ver el final anunciado de un personaje que fue modelo efímero para mucha gente, jóvenes ambiciosos en su mayoría. Debe ser arrasador recordar que fue un hombre poderoso, seguido y admirado. Recordar que lo tuvo todo en sus manos para perderlo víctima de una ambición desbocada.

Mario Conde sabe ya que nada de lo que deseó ser será posible. Que lo que le quede de vida es pura inercia. Que no puede esperar otra cosa que sobrevivir. Ya sabe que su vida ha sido una equivocación y que no está a su alcance rectificar.

No pretendo hacer leña. Me enternece su aceptación noble del desastre vital que le acompaña. Pero su biografía aporta enseñanzas. Hay que huir de la búsqueda del éxito social y económico. O lo que es lo mismo, la felicidad acaba dependiendo de no equivocarse en esto. De acertar en la escala de valores. Saber que es lo importante y protegerse de la ceguera que producen los focos de luz artificial. La vida es larga. Pretendemos creernos que 'son dos días'. Pero no es verdad. Lo que dura poco o nada son los momentos de gloria personal. Lo que se hace largo es todo el tiempo restante. Y saber vivir es acostumbrase al fracaso y distanciarse del éxito.

Prepararse para el fracaso y huir de la obsesión del triunfo es la mejor forma de resistir los empujones del azar y de los tiburones entre los que toca nadar. Por si sirve de algo decir esto.

Abogado. crosadoc@gmail.com

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