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Vota empleo

Los comicios quedan marcados por una crisis que se adentra ahora en su segunda recesión y una sangría laboral que es un pozo sin fondo. Más que ideológico, se vota el empleo, pero éste tardará en llegar.

el 08 mar 2012 / 20:24 h.

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La manifestación del 8 de marzo recorrió las calles de Sevilla.

El voto del 25-M tendrá muy poco de ideología y, en cambio, mucho de pragmatismo: y de lo mío, qué. Sí. Pesarán los recortes sociales y la subida de impuestos del Gobierno central -incluida su estrategia de donde dije digo ahora digo Diego-, pero no tanto como para olvidar la ya larga crisis económica y el paro, sea este último sufrido o temido. El escrutinio regional se decantará mayoritariamente hacia aquel partido capaz de convencer por su gestión, pues, en esta dificilísima coyuntura, se trata precisamente de eso, de gestionar primero la recesión -todo 2012- y después la recuperación económica y laboral -echémosles dos años más-.

Quien venda humo, malo. Por desgracia, la realidad es la que es. De hecho, hasta hace cuatro años, la aspiración del pleno empleo se recogía en los programas electorales de todas las fuerzas del arco parlamentario. No era un brindis al sol. Así, en el primer trimestre de 2008, coincidiendo con la llamada a las urnas, Andalucía arrojaba una tasa de desempleo -medida con criterios EPA, o Encuesta de Población Activa- del 14,83%. Sólo un año antes, un mínimo histórico del 11,96%. Alcanzar, pues, el pleno empleo técnico (dícese de aquél que ronda el 5%) estaba aún lejano, aunque no se antojaba imposible.

Las cosas han cambiado radicalmente. 2011 cerró con una tasa de desempleo del 31,23% en la comunidad, equivalente a 1.248.500 personas sin trabajo. Quien hable ahora de pleno empleo técnico a corto o medio plazo -e incluso a largo- o miente o no sabe lo que dice. Así de claro. Por ahora y por muchos años, la economía no tendrá capacidad para generar tantísimos puestos de trabajo como para que lo que hoy es mera utopía derive en realidad y se pueda así palpar.

Son los números absolutos los que muestran con suma frialdad la sangría laboral de la legislatura finiquitada. A finales de marzo de 2008, Andalucía tenía 561.600 parados, menos de la mitad que actualmente. Para ser exactos, son ahora 686.900 más. Si restamos el aumento de la población activa -personas en edad y con ganas de trabajar-, que fue para el conjunto del periodo de 212.500 andaluces, hasta los 3.998.100, el resultado es la destrucción en esos cuatro años de casi medio millón de empleos -en concreto, la friolera de 474.400-.

Aunque cada uno lleva su propio drama, prestemos atención a eso que los sociólogos llaman generación perdida : jóvenes que no tienen trabajo, gran parte de ellos con carreras universitarias sin posibilidad de ejercer y, por cierto, no pocos votarán por primera vez el 25-M. Un 73,94% de los activos de entre 16 y 19 años está en paro y la mitad (50,39%) de quienes se encuadran entre los 20 y 24 años tampoco tiene ocupación laboral. Y un dato más: 65.400 jóvenes de esos dos tramos de edad no saben qué es un trabajo. Lo buscan pero no lo encuentran. No han trabajado nunca.


Pero hay más. 67.800 mayores de 24 años rastreaban su primer empleo en el último trimestre del año pasado. Y de ellos, 2.900 tenían más de 55 años. Aquí están esas amas de casa que nunca accedieron al mercado laboral pero ahora no tienen más remedio que tratar de hacerlo debido a la precariedad familiar porque padre e hijos engordan las sacas del Servicio Andaluz de Empleo. Casi 18 de cada cien hogares de la región (17,73%) tienen a todos sus miembros en paro.

Lo peor es que no existen perspectivas de mejoras en 2012, y las que hay para el ejercicio próximo son raquíticas. El desempleo, por tanto, seguirá creciendo, y esto lo pronostican tanto las principales casas de análisis -entre ellas, las que dependen de Unicaja, BBVA y Funcas- como el Gobierno central. Su reciente reforma del mercado de trabajo , señala, no se trasladará a una inmediata creación de empleo. Como mínimo, habrá que aguardar a 2013.

En materia laboral, la Junta de Andalucía tiene escaso margen de maniobra. La legislación sobre el empleo es competencia nacional. Sin embargo, puede actuar en tres ámbitos. El primero, propiciar un entorno proclive para la recuperación económica, con seguridad jurídica y ayudas. El segundo, incentivar la contratación (más subvenciones a las empresas). Y, por último, la formación de parados y trabajadores (las políticas activas de empleo sí están transferidas). Son precisamente los frentes que se abordan en los sucesivos acuerdos de concertación social, firmados entre Administración autonómica, patronal CEA y sindicatos CCOO y UGT. Esta crisis ha evidenciado, por lo demás, sus limitaciones.

Y aquí es donde abordamos el empuje propio a la actividad económica, impulso para el que tienen sus alas cortadas todas las administraciones públicas, y más las autonómicas, que son las que disparan el déficit estatal (exceso de gasto sobre los ingresos). En este ámbito, sí se enfrentan dos ideologías. La primera, del PP, habla de recortes y reformas, estrategia pactada (impuesta) por Bruselas y desplegada en sus tres meses en el Ejecutivo central. La segunda, del PSOE e Izquierda Unida, predica que tanto control del déficit bloquea el apoyo público a la economía, y si ésta no crece, tampoco podrá hacerlo el empleo. Y así tardará más la recuperación de una y otro.

El partido que gobierne en Andalucía, sea el que sea, tendrá que someterse a los recortes dictados por el Gobierno central. Máximo: 1,5% de déficit autonómico . Si se tiene en cuenta que la comunidad cerró 2011 en el 3,22% -discrepa la Consejería de Hacienda con este porcentaje, al considerar que no se computan ingresos que aún tienen que venir del Estado-, la afilada tijera deberá cortar con sumo gusto.

Lo tendrá que hacer, además, porque el nuevo escenario de recesión supondrá menos actividad económica, menos puestos de trabajo y, en consecuencia, menos ingresos para las arcas públicas vía impuestos empresariales, personales y por el consumo -salvo que se incrementen, como así ya se ha hecho con el IRPF-.

El último trimestre de 2011 anticipaba la nueva recesión -el Producto Interior Bruto baja en lugar de crecer- en la que quedará sumergida Andalucía durante todo 2012, según coinciden en señalar expertos de BBVA y Analistas Económicos (Unicaja).

La legislatura partió con una Andalucía creciendo un 0,6%. Era el año 2008, primero completo de la crisis. El anterior había alcanzado un 3,5% y un 4,1% en 2006. Felices porcentajes en unos años en los que esta comunidad -igual que toda España- aún presumí air jordans baratas;a de que su principal motor era la construcción.

2009 fue una bofetada. El PIB regional cayó un 3,6%, caída que no se contabilizaba desde que terminaron los fastos de 1992. El optimismo inducía a pensar que las siete décimas de descenso de 2010 serían las últimas y, por fin, arrancaría la tendencia alcista. 2011, de hecho, cerró con crecimiento: dos décimas. Pero el cuarto trimestre se saldó en rojo. Bastan dos para despertar la recesión. Y el primero de 2012 marcará la nueva atonía económica.

BBVA Research predice: caída del 1,8%, con todo el ejercicio en recesión. Sin embargo, Analistas Económicos, el Servicio de Estudios de Unicaja, es, por ahora -en primavera realizará una revisión de sus cálculos-, más optimista. Habla, incluso, de crecimiento del PIB en cuatro décimas para este año, de forma que aunque esta región estrenara 2012 en números rojos, se superarían a lo largo del ejercicio. Por su parte, el panel de expertos de Funcas (cajas de ahorros) también apunta recesión, y vaticina que la contracción será de seis décimas.

Entre estas casas de estudios, sólo Analistas se atreve a ofrecer una cifra aproximada de parados para un año, 2012, en que aún seguirá la sangría laboral: el 31% de tasa sobre la población activa -la media nacional, 22,2%-, un porcentaje que nos aproxima más a la barrera de los 1,30 millones de andaluces sin trabajar. Un detalle muy significativo: caerá la llamada formación bruta de capital fijo, que no es otra cosa que la inversión empresarial. Y si las empresas no invierten, no habrá generación de empleo.

No obstante, reina la prudencia entre los analistas, al hacer especial hincapié en la enorme incertidumbre que suponen para el Estado español la crisis de deuda pública, unas rentabilidades y primas de riesgo para los bonos insostenibles, los ajustes fiscales (o recortes de los presupuestos públicos) y una actividad productiva estancada y que echa en falta financiación bancaria. De hecho, aunque las estadísticas muestran un incremento de las sociedades mercantiles en la comunidad, no se corresponde realmente con un impulso empresarial fehaciente. Menos mal que sí mejoran las exportaciones, con cifras históricas. En el mercado exterior están depositadas grandes esperanzas.

Bajando a ras de suelo, quien herede la Junta de Andalucía deberá cargar con grandes conflictos laborales enquistados durante largo tiempo: astilleros, Santana, Deplhi... Fueron asumidos por el Ejecutivo regional por su enorme impacto social, tan enorme como su coste financiero. En el campo, por último, se tendrá que bregar con la reforma de la PAC (Política Agraria Común) y la pelea interna por el reparto de los fondos entre comunidades.

Mucha economía, como puede apreciarse. Una economía que requiere grandes dosis de gestión. El voto del 25-M será económico. Será un voto por el empleo. Pero éste tardará en llegar.

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