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Votar para elegir

Desde 1977 siempre he votado y pienso seguir haciéndolo. En la edad madura me inclino a votar más con la cabeza que con el corazón. Me desagrada leer y oír argumentos agresivos hacia el adversario político...

el 15 sep 2009 / 00:59 h.

Desde 1977 siempre he votado y pienso seguir haciéndolo. En la edad madura me inclino a votar más con la cabeza que con el corazón. Me desagrada leer y oír argumentos agresivos hacia el adversario político; no digamos hacia sus votantes o hacia los pueblos donde suelen vencer. Se suele decir que las elecciones se pierden, más que se ganan, y quisiera creer que se pierde, aunque no sea así siempre, cuando desde un partido político se lanzan argumentos destructivos y no propuestas. Hemos soportado cuatro años de tormento malayo, el gota a gota de una cantinela que ha terminado por contaminar a algunos, quiero pensar que insuficientes, y sobre todo ha enrocado a muchos ya convencidos en posiciones duras alejadas del principal atributo de la transición política, la reconciliación cívica de las fracciones divididas en la guerra civil: izquierdas y derechas, nacionalistas y no nacionalistas.

Quebradas algunas lealtades institucionales, como son la aceptación del liderazgo del gobierno en las políticas contra el terrorismo y en defensa del prestigio y los intereses de España en el exterior, deberían ser restituidas en la nueva legislatura. También se deberían profundizar los principios constitucionales, los derechos propios de la libertad, la solidaridad y la prioridad social de la salud, la educación y la vivienda, llevando a cabo políticas progresistas más eficientes. La seguridad vial y la violencia machista deben ser objetivos prioritarios, dada la extraordinaria gravedad de su manifestación con resultado de muerte. Más allá de su punición, son necesarias una ingeniería circulatoria avanzada y una firme educación para la ciudadanía; o dicho de otra manera, ordenar una conducción individual cívica, igualitaria, y de respeto tanto en el espacio público como en el ámbito privado.

La política, así como las demás actividades de servicio público, han de entrar en una nueva fase, más específica y de mayor esfuerzo mediático. Menos culto a la personalidad de los líderes y más cultura republicana, de atención a los complejos engranajes que dan satisfacción a las necesidades sociales. No me gusta la asfixiante deriva presidencialista con la que se han contaminado nuestros procesos electorales. Quisiera ver reflejados a todos y cada uno de nuestros candidatos y candidatas a formar parte de las Cortes Generales y del Parlamento de Andalucía. Me gustaría poder identificarlos, saber quiénes son, cuáles son sus cualidades y capacidades, qué vectores dominan con vistas al desarrollo de los programas electorales. Principios que deberían presidir la formación de los respectivos ejecutivos, con mayoría de mujeres y hombres con juventud, preparación y rebeldía bastante como para regalarnos a todos un paréntesis de sus vidas profesionales. Después de treinta años de Constitución, España y Andalucía se merecen una democracia más avanzada en sus objetivos, de mayor calidad en su gestión y con protagonistas renovados. Con esa esperanza participo, voto y elijo.

Catedrático de Arquitectura de la Hispalense vpe@us.es

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