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Vuelta a la realidad... del tren

El regreso a la rutina de viajeros se vio ayer enredado por las protestas de los ferroviarios.

el 03 ago 2012 / 19:45 h.

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Un viajero espera en Santa Justa entre los manifestantes.
Caras de incredulidad, banderolas sindicales y muchos pitos. Con esta estampa se encontraron ayer multitud de viajeros al llegar a la estación de Santa Justa de Sevilla para coger el tren que los llevaría a las vacaciones soñadas o, en la mayoría de los casos, de vuelta a sus hogares. La huelga convocada para este viernes por los sindicatos en protesta por la privatización del ferrocarril, que el Gobierno ha anunciado para julio de 2013, cogía por sorpresa a cientos de ciudadanos que intentaban cambiar su billete a última hora.

"De buenas a primeras me he encontrado con mi tren cancelado, y llevo dando vueltas desde las nueve de la mañana sin saber si podré salir hoy hacia mi pueblo", comentaba Trinidad, una marchenera que acababa de llegar de la isla portuguesa de Madeira, sin saber muy bien el por qué de la la huelga y con su plaza comprada desde hacía meses. La misma sorpresa que Jeffrey Rodríguez, un estadounidense que, a pesar de su asombro, gritaba a la par de los trabajadores concentrados (unos 200) "esto es un atraco, manos arriba". "No puedo coger el tren a Madrid así que me uno a las reivindicaciones", aclaraba Jeffrey.

Sin embargo, otros pasajeros más avispados ya venían avisados y con los deberes hechos, como los Rivero, una familia hondureña que bien informados por la prensa pudieron cambiar el día antes el tren que los llevaría a Granada. Una de sus miembros, Teresa Rivero lo tenía claro: "Ya veníamos alertados y estas protestas no nos han cogido desprevenidos, con suerte partiremos a las 11.50". Mientras, la cola de personas ante las oficinas de Atención al Cliente aumentaba a la par que los manifestantes, a los que se unía una significativa representación de funcionarios de la Tesorería Pública de la Seguridad Social, que vestidos de negro y con calavera en mano clamaban también a favor de lo público. Fue el momento en el que decidieron llevar sus pitos y pancartas a la calle, intentando cortar la glorieta de Kansas City, frente a la estación, y cuyas pretensiones fueron frenadas por dos furgones de la Policía Nacional, cuyos agentes también estuvieron durante toda la mañana apostados a la entrada de las vías, ante la incertidumbre de algunos viajeros que no sabían si podrían ellos coger los trenes a sus destinos o no.

A pesar del intenso ruido de las protestas, la tónica dominante de la jornada fue la normalidad, en parte debida a unos servicios mínimos que cubrían el 75% del servicio de los trenes de Larga Distancia y AVE, un 60% para los Cercanías y hasta un 55% de trenes de Media Distancia, y que los seis sindicatos convocantes (UGT, CCOO, CGT, Semaf, SF y SCF) consideraban excesivos y sin margen para el seguimiento de la huelga por parte de los trabajadores. "¿Cuánto costarán los billetes cuando el Gobierno nos privatice? Es un servicio que no da dinero y que debe pertenecer al Estado", clamaba Francisco Ojeda, secretario general de CCOO de Renfe en Sevilla, y que secundaba uno de los lemas de los manifestantes: "Por un ferrocarril público y social".

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