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Wiggins lleva a lo más alto el ciclismo británico

el 22 jul 2012 / 17:07 h.

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Bradley Wiggins se convirtió hoy en el primer británico en subir al escalón más alto de los Campos Elíseos de París, la mayor gloria del ciclismo de un país que debe ser la envidia de pioneros como Charlie Holland, Brian Robinson, o Tom Simpson.

De no haber tenido nunca un británico en el podium, el Reino Unido pasó a subir a dos, ya que junto con Wiggins ascendió al segundo puesto Chris Froome, nacido en Kenia pero de familia británica.

No ha habido muchos súbditos de su majestad que hayan participado en la ronda gala y buena parte de ellos, como Wiggins, lo han hecho tras reciclarse de la pista.

Charlie Holland, "pistard" que escuchó hablar del Tour de Francia, fue el primero en inscribirse en la prueba en 1937 junto con Bill Burl, obligados por la organización a integrar un equipo del imperio británico junto con el franco-canadiense Pierre Gachon.

Ninguno de ellos logró terminar aquella edición en la que se impuso el francés Roger Lapébie.

La primera huella real de los británicos en el Tour la dejó Brian Robinson, que en 1955 fue el primero en acabar la edición completa y tres años más tarde el pionero en una victoria de etapa.

Robinson se convirtió en una figura muy popular en aquella década en la que los británicos eran considerados exóticos en el pelotón. Era la estrella del equipo Hercules, que se había fijado como objetivo participar en el Tour, lo que les convierte hoy en precursores de la idea del Sky.

Pero el ciclismo británico tuvo que esperar hasta los años 60 para encontrar una auténtica estrella en el pelotón, en la figura de Tom Simpson, un corredor muy particular, de modales "british", su bombín, clasicómano de renombre que se forjó un palmarés y que llegó a ganar el Mundial de 1965 en San Sebastián.

Su historia está muy ligada al Tour de Francia, por las alegrías y porque en su recorrido, ascendiendo el terrible Mont Ventoux, encontró la muerte el 13 de julio de 1967 víctima del calor y de las anfetaminas que había consumido la víspera.

Simpson se convirtió, además, en 1962, en el primer británico que se vistió de amarillo en la ronda gala, una carrera en la que no logró grandes resultados porque era demasiado larga para sus características.

Su compañero de equipo Barry Hoban recogió el testigo tras la muerte de Simpson. Incluso llegó a casarse con su viuda. En once participaciones, entre 1964 y 1978, consiguió ocho victorias de etapa, lo que le convierte en el británico más prolífico hasta la emergencia de Mark Cavendish.

En paralelo, Michael Wright consiguió tres victorias de etapa en la década de los 60.

Hubo que esperar a los años 80 para que un británico destacara en la montaña, Fue el inclasificable Robert Millar, escalador singular que logró en 1984 el cuarto puesto en el Tour, la mejor clasificación de un británico hasta la llegada de Wiggins.

Millar no encontró su sitio en el pelotón y sus modos particulares, su alimentación vegetariana y su forma de correr fueron muy comentadas. Logró tres victorias de etapa y fue el primero de su país en enfundarse en París el maillot de rey de la montaña.

Diez años más tarde, Sean Yates, actual director deportivo del Sky, emergió al frente de una generación de ciclistas gregarios que salían del Reino Unido. Su esfuerzo fue recompensado en 1994 con un maillot amarillo.

Ese mismo año apareció en el Tour Chris Boardman, un ciclista procedente de la pista que se especializó en los prólogos y que ganó tres en la ronda gala, lo que le valió otros tantos jerseys amarillos.

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